Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Nueva sociedad, nueva política

Ibarra, o el abismo del PSOE

Las elecciones extremeñas del 21-D no van de quién las ganará

Juan Carlos Rodríguez Ibarra

Juan Carlos Rodríguez Ibarra

El poder de los partidos en España tiene mucho de patético. Su control absoluto de la sociedad, avalado por la Constitución, los coloca en una posición de tal preeminencia que, al recibir un golpe importante, su caída resulta dramática y, a veces, en su resistencia a aceptar la realidad, simplemente ridícula.

Pensaba en ello viendo a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, de buena mañana, en un plató de televisión, horario de máxima audiencia, respaldando a Miguel Ángel Gallardo, ante la incredulidad de la entrevistadora (y de todos los demás).

Pero, ¿cómo no respaldar a un hijo político, cómo no defender a quien se promocionó durante décadas, cómo no batirse por el caballo de Troya enviado a luchar contra Fernández Vara, cómo no rebajarse a blandir la espada por un zombi político con quien se han compartido comidas conspirativas y fracasados proyectos de devolver al PSOE extremeño a sus añorados años ochenta?

Este patetismo, retransmitido en directo en prime time, sosteniendo a un presunto corrupto, es el mismo que el de todo un rey emérito publicando un libro para intentar que los españoles olvidemos quién es. Son gritos ahogados en la insoportable soberbia de quienes hicieron la Transición, seguros de que los españoles de todas las generaciones posteriores deberíamos estarles agradecidos por siempre. Ibarra, en esa misma entrevista, también defendió al emérito exiliado. ¿Cómo no hacerlo? Es reivindicarse a sí mismo.

Piensan que una palabra suya bastará para sanarnos, que otro efímero resplandor de gloria podrá más que el tsunami que recorre las redes sociales, los nuevos medios, la sangre joven que ha decidido votar verde o la callada indignación de todo un país contra quienes fueron y son responsables de nuestras desgracias.

El fallecimiento de Fernández Vara ha sido uno de los más relevantes hitos políticos de la Extremadura contemporánea: se desvanecen repentinamente dos décadas de historia del PSOE extremeño, de manera que el presente se conecta automáticamente con el pasado. Que Ibarra haya decidido certificarlo públicamente demuestra que no encuentran más caminos de salida. Y es que no los hay

El fallecimiento de Fernández Vara ha sido uno de los más relevantes hitos políticos de la Extremadura contemporánea: se desvanecen repentinamente dos décadas de historia del PSOE extremeño, de manera que el presente se conecta automáticamente con el pasado. Que Ibarra haya decidido certificarlo públicamente demuestra que no encuentran más caminos de salida. Y es que no los hay.

El patetismo del gran poder venido a menos aparece ridículo cuando trata de aparentar que sigue intacto. El PSOE de Extremadura ya no es ni podrá ser nunca el que fue, porque, pese a la vana nostalgia, los viejos tiempos nunca vuelven. Entre 2012 y 2017 estuvo abierta la ventana de oportunidad política para renovarse, y ser guía del nuevo socialismo en España. Vara lo intentó, pero, quienes siempre defendieron a Gallardo (con ayuda de otros) no le dejaron. Y ahora solo queda esperar lo imposible: que el pasado pueda redimir al futuro. Un ejercicio de metafísica política que solo sale bien en las mentes de quienes alguna vez creyeron estar por encima del bien y del mal.

Las elecciones del 21-D no van de quién las gana: será María Guardiola. Van de la distancia a la que quedará el PSOE de su abismo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents