Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Zona Zero

Cáceres

Kiko Veneno: cuando la libertad olía mejor que la vida

Kiko Veneno demostró el pasado fin de semana la frescura de su trabajo y me retrotrajo a épocas con menos libertad, pero más efervescencia creativa y cultural

El cantante Kiko Veneno.

El cantante Kiko Veneno. / EL PERIÓDICO

Todos queríamos cantar y crear en libertad, para pasar de un país en blanco y negro a otro todo de color, que imaginábamos y suponíamos mejor. Después vino el desencanto. En los años ochenta, en mi Sevilla natal, Kiko Veneno era un espejo donde mirarse y concentraba nuestra admiración. Tenía cualidades para todo lo que se podía soñar: creador, rupturista, desafiante y muy callejero. Sí, éramos adolescentes que crecimos y jugamos en la calle. Allí vivíamos. No en mundos virtuales. Entonces tener una guitarra era como empuñar una ametralladora que lanzaba rumbas y blues, a los que acompañábamos de letrillas irreverentes, que no hablaban de amor, sino de un barrio poblado de superhéroes anónimos, que por la mañana repartían el pan y por la noche se atusaban el tupé y se unían a la tribu urbana preferida: mods, rockers, heavys, hipis…

El pasado sábado vi a Kiko Veneno sobre el escenario de ‘Locos por la música’, un espacio que se autoproclamaba “libre de reggaetón’. Conocí a Kiko con un mechón blanco, con un gran mostacho, y lo ve visto en bicicleta yendo a comprar el pan. Ahora toda su pelambrera es blanca y despide en sus gestos y mirada ese halo respetuoso que tienen los auténticamente grandes. Estaba a disgusto con el sonido y se notó. Lo que sí demostró es que es capaz de revisitar sus temas y versionarlos superando grabación original. Adelantó un tema nuevo sobre su relación con su guitarra y la música verdaderamente sublime. Ante las dudas sobre el sonido no quiso adelantar nada más, ni hizo bises. Eché de menos la de ‘En un mercedes blanco'.

Sí, siento nostalgia por el tiempo de los fanzines, de la vida en la calle, de los discos de vinilo y los cómics. Antes todo se disfrutaba con delectación y tranquilidad. Ahora los móviles han sustituido al parque del barrio, los adolescentes siguen con avidez las andanzas de los influencers, los bailes de TikTok y saben de la vida de sus amigos a través una experiencia vicaria como es Instagram. Todo desde casa, anestesiados. Los asistentes al concierto de ‘Locos por la música’ ya peinamos canas y parecía que nuestras almas estaban llenas de heridas. ¡Qué suerte que las emociones te hayan dejado surcos en el alma! Ahora, la música está desprovista de autenticidad, el mensaje de los artistas no superaría el más mínimo filtro de calidad y sus carreras parecen forjadas en una cadena de montaje. Sí, lo siento, prefiero mi época, aquella en la que el perfume de la libertad olía mejor que la vida.

Tracking Pixel Contents