Opinión | Es decir
Es una minoría, malpensados
No hay español que piense bien de los demás

Miguel Ángel Gallardo, secretario general del PSOE de Extremadura.
Como no hay español que piense bien de los demás –el principio es «piensa mal y acertarás»–, seguramente quienes sepan que Miguel Ángel Gallardo ha dicho: «Puedo asegurar que a partir del 21 de diciembre seguiré siendo tan diputado como ahora», y ha añadido: «¿Qué más da quién me juzgue si yo soy inocente?», pensarán que lo que realmente ha querido decir es que a partir del 21 de diciembre seguirá tan aforado como lo está ahora, y que lo añadido ha sido el remache final: ¿Qué más da quién me juzgue si yo estoy aforado?
El caso es que Gallardo –está de más decir quién es, o qué, políticamente– ha relativizado las críticas en el partido que no solo cuestionaron la «excepcionalidad» que le permitía ser el candidato socialista sin necesidad de primarias (quizá porque tal excepcionalidad no está en los estatutos del partido, aunque Gallardo, al anunciar que sería el candidato, la confirmara, o eso dijo: «Acaba de confirmármela la directora de la Ejecutiva»), sino también la idoneidad de que, ante una resolución judicial que le atribuye un presunto fraude de ley, sea el candidato. No se le pide que renuncie sin más, sino que, en consideración a su retrospectiva política –por no decir proyectiva, entiéndase, qué vida hay fuera de la política, después–, siga de senador. Lo primero no perjudica al partido. Lo segundo, a él.
Gallardo, olvidado ya de la excepcionalidad, alega la excepción de que «es una minoría de compañeros» la que se lo pide. Es posible, aunque se trata de la inmensa minoría juanramoniana
Pero Gallardo, olvidado ya de la excepcionalidad, alega la excepción de que «es una minoría de compañeros» la que se lo pide. Es posible, aunque se trata de la inmensa minoría juanramoniana, con perdón, en la que están, y bastará con citar a dos, Miguel Ángel Morales, presidente de la Diputación de Cáceres, y Álvaro Sánchez Cotrina, secretario general de los socialistas de Cáceres. Aunque, una vez fijada la fecha del juicio, a Gallardo ya le da lo mismo que se trate de una minoría de compañeros que de una mayoría: como si son todos. Si algo tiene que agradecer es a la presidenta María Guardiola por convocar elecciones anticipadas, porque así podrá ser un aforado legítimo, es decir, por votos y no por obligar a dimitir a una diputada y preterir a otros cuatro compañeros que le precedían en la lista.
En fin, puede que esté de más decir quién es, o qué, Gallardo, dada su notoriedad judicial y, por judicial, mediática. Pero el español que no piensa bien de los demás puede fijarse en quién es Gallardo, o en qué, no por lo que sea, a efectos políticos, sino por lo que está demostrando ser. Y, como buen malpensado, acertará.
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