Opinión | Textamentos
LinkedIn no es país para viejos

Sede de LinkedIn / Noah Berger
En los últimos años he detectado que LinkedIn ha pasado de ser una red social donde buscar trabajo a convertirse en una suerte de templo de validación profesional. La más formal de las redes sociales empieza a parecerse demasiado al Street Corner londinense donde una legión de influencers que se toman demasiado en serio se suben a una silla virtual para ofertarnos, día sí día también, consejos para triunfar en el mundo empresarial, servicios promocionales o frases vacías, presuntamente motivadoras, para los malos momentos.
Si una persona hubiera pasado en coma los últimos veinte años y despertara de repente, descubriría que los tiempos no solo están cambiando, tal como profetizó Bob Dylan, sino que ya no se parecen en nada. Para empezar, el lenguaje ha pasado a otra dimensión y las palabras son cada vez más esquivas y presumidas. En LinkedIn un secretario multitarea es ahora un office manager, un autónomo que hace reels (y por lo general factura poco) es un freelance content creator, y un becario al que endosan responsabilidades por las que no le pagan es un junior product owner.
Aunque no me muevo en el mundo de los negocios, barrunto que fuera de ese escaparate sobredimensionado que es LinkedIn, donde todos han de seguir unas reglas para satisfacer al algoritmo, las cosas son más sencillas y más complicadas a la vez, con menos samba e mais travallar
El linkedinismo es hiperbólico y artificial, y fomenta esa erótica del poder (aun sin poder) que, en el fondo, nos gusta a todos, o a casi todos. Basta usar palabras como ‘liderazgo’, ‘estratégico’, ‘apasionado’, ‘creativo’, ‘target’ o ‘especializado’ para componer una dialéctica de persona presuntamente exitosa (incluso aunque estés en paro). Así vivimos, gobernados por el postureo.
Aunque no me muevo en el mundo de los negocios, barrunto que fuera de ese escaparate sobredimensionado que es LinkedIn, donde todos han de seguir unas reglas para satisfacer al algoritmo, las cosas son más sencillas y más complicadas a la vez, con menos samba e mais travallar.
LinkedIn, tan moderno y proactivo, no es país para viejos, y tampoco para quienes sabemos fracasar sin ayuda externa, como en los viejos tiempos.
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