Opinión | Tribuna
Capital, clubes y el fin del romance

Apollo compra el 55% del Atlético de Madrid. / ATLÉTICO DE MADRID
La toma de posición mayoritaria del fondo Apollo en el Atlético ni es única ni es una operación pionera en el deporte europeo.E n la última década, se han sucedido los ejemplos de similar naturaleza. Desde la conversión de deuda al que se vio obligado Elliot en el Milán, a las más recientes adquisiciones de Chelsea (Clearlake) o Inter de Milán (Oaktree). Por no hablar de una miríada de clubes más pequeños en Reino Unido, Italia, Francia o España que han visto como sus accionariados se llenaban de vehículos de inversión privada.
El éxito ha sido variado y desigual y casi analizable caso por caso. Esta heterogeneidad existe fundamentalmente si entendemos por ello triunfos en la cancha: el famoso ‘que entre la pelotita. En todo caso, el auge evidencia que los grandes del capital privado (’privateequity’ en inglés), que ya habían ejecutado operaciones en otros mercados y otros deportes, realizan una apuesta decidida por el fútbol en Europa.
Y tiene sentido. Hay lógica en que el capital estructurado se fije en un fútbol profesional en Europa que no ha dejado de incrementar ingresos, cuenta con la mezcla exacta de competiciones valoradas y tradición asumida, y, también hay que decirlo, muchas veces en manos de gestores no especialmente avezados, lo que simplifica la entrada (se compra más barato).
Además, el “sector” reúne dos condiciones difícilmente replicables. Primero, la relevancia de la experiencia en vivo, cada vez más valorada en un mundo virtual, pero que al mismo tiempo es perfectamente compatible con un seguimiento multicanal. Pero, sobre todo, una ‘clientela’ que va más allá de la fidelidad. La mayoría de los seguidores no son cautivos, sino directamente esclavizados por un sentimiento que, no es casual, pasa de generación en generación.
Ignoro la profundidad de los planes de Apollo para el Atleti. Incluso puedo creer en que su visión no sea cortoplacista, sino que busca estabilidad en su inversión. Nada de eso les alejará de la forma de actuar propia. No es una cuestión de esa ‘voracidad’ mal entendida con la que muchos califican cualquier inversión privada. No.
Eso quiere decir que habrá un horizonte temporal para la inversión y que todas las decisiones estarán movidas por el múltiplo de la inversión. Podrá no ser un movimiento especulativo sino estratégico. Pero la obligación y primer objetivo de Apollo no es otro que maximizar el retorno de su inversión.
La convivencia con la afición, esa bestia indomable que a veces aplaude y otras flagela, y más una tan apasionada como la colchonera, distará de ser sencilla. No es un asalto a mano armada ni una ‘invasión’, pero sí ciertamente un movimiento de ajedrez financiero en el que cualquier pieza, incluso la reina, está sometida el interés superior de la rentabilidad
Una gestión que se aleja de dramas y comedias e implica la omnipresencia del ‘bisturí’. Porque, en realidad, por mucho que las gradas europeas hayan clamado por el fútbol del pueblo y cuestionado alternativas poco distinguibles del original por una pasión sin fuero, esto sigue siendo un deporte pero eso no significa que no sea un negocio.
Pero al final todos quieren que la pelota siga rodando. Ya lo decía Greene en su ‘El fin del romance’: esto es “una historia no tiene ni principio ni fin”.
*Alberto Hernández Lopo es abogado y auditor de cuentas.
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