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Opinión | Trazos y travesía

Mujeres de serie

Mostrar a una mujer como víctima para contar una historia de abusos

Mala Rodríguez.

Mala Rodríguez. / ALBA VIGARAY

Me gusta charlar con mi alumnado sobre las series que vemos. A veces me descubren títulos escondidos entre los recovecos de las plataformas digitales que, sin duda, manejan con más pericia que yo. Sus argumentos favoritos versan sobre historias de enredo amoroso. Los míos, quizás porque hoy día ese tema no me encoje las tripas, tienen más que ver con relatos que intentan comprenderlo complejo de la conducta humana.

Con el planteamiento de las series policíacas me ocurre como con la literatura de A. Christie, puedo anticipar qué viene después. No obstante, saboreo el camino al desenlace como si fuera la primera vez. La trama viene a ser esta: se busca a una persona que ha matado a una chica o mujer y su motivación para ejecutar el crimen.

Es cierto; a veces no se investiga un asesinato femenino, entonces suele tratarse de un caso de tráfico de mujeres, un político que ha malversado dinero público en locales de alterne, o un capo de la droga que ha incurrido en un error de cálculo y ha dejado pistas de la extensión de sus tentáculos.

Como en los tiempos de la Gran Depresión estadounidense, los guionistas nos sirven la mierda que nos habita como plato fuerte, por tanto,encontramos la historia verosímil; pero siempre a la espera de una especie de final feliz que nos transmita la sensación de que todo está bajo control.

Pero lo cierto es que nada lo está. Lo único que se repite invariablemente es la vieja premisa de mostrar a una mujer como víctima para contar una historia de abusos. Entonces me pregunto si es la actualidad la que inspira a la ficción o a la inversa. En mis divagaciones, encuentro respuestas cuando topo con varios de esos canales abiertos por padres y madres donde narran la vida de sus hijos e hijas como un espectáculo.

En la presentación de uno se sugería que una niña menor podía estar embarazada por afán recaudatorio. También sé de mujeres jóvenes que se desnudan ante la mirada masculina en redes que lo impulsan por dinero, y de las que ven en Onlyfans una tabla de salvación para no acabar desperdiciando sus días en cualquier trabajo mal pagado; aunque después de naufragar en el cieno machista se arrepienten, como Mala Rodríguez.

La realidad siempre supera a la ficción. La principal diferencia entre ambas es que, en el mundo que pisamos, este tipo de tramas que nos rodean no suele acabar bien.

*Sheila Albalate es docente de idiomas y técnica en igualdad.

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