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Opinión | Tribuna

Parálisis permanente

María Guardiola y Alberto Núñez Feijóo en un acto electoral en Badajoz durante la campaña de las elecciones autonómicas de mayo de 2023.

María Guardiola y Alberto Núñez Feijóo en un acto electoral en Badajoz durante la campaña de las elecciones autonómicas de mayo de 2023. / Andrés Rodríguez

Llevo días pensando en el nombre de aquella banda de rock de los 80: Parálisis Permanente. Lo hago con cierta melancolía, porque esas dos palabras definen a la perfección el estado en el que ha quedado Extremadura desde que la señora Guardiola decidió convocar elecciones.

Parálisis política. Parálisis institucional. Parálisis total.

Llevo días preguntándome, ¿dónde está la presidenta? Porque, conviene recordarlo, sigue siéndolo. Su nombre continúa en la placa del despacho, aunque su silla acumule polvo. No hay actividad en su agenda, lo que tampoco sorprende a nadie. Durante dos años y medio solo trabajó de lunes a jueves, convirtiendo su vagancia en la seña de identidad de una administración que se mueve a cámara lenta desde que ha decidido jubilarse de facto. Ni gobierna ni hace campaña. Para eso, y para esquivar los debates que rehuye, ya tiene un subalterno.

Extremadura no necesitaba elecciones. Necesitaba gobierno. Pero Guardiola, incapaz de ofrecer soluciones, eligió la huida. Y no hacia delante, sino hacia Madrid. Allí es donde se deciden las cosas importantes para ella y, desgraciadamente, también para la región. Y no lo digo yo, lo demuestra su hoja de ruta.

Feijóo la reunió en Murcia para darle la orden de disolver la Asamblea y Extremadura quedó reducida a un peón más en el tablero nacional del PP. Feijóo manda y Guardiola obedece. Y mientras tanto, nuestra tierra espera. Hace tiempo que la presidenta dejó de hablar de los problemas reales de la gente. No tiene modelo de región, ni proyecto, ni empatía. Su política ha consistido en proteger los privilegios de unos pocos mientras abandona a la mayoría. Que se lo digan a los 7.000 niños y niñas del medio rural que se quedaron sin transporte escolar, un detalle sin importancia para quien confunde igualdad con propaganda y foto.

Y lo más grave no es solo la parálisis. Es la mentira. Dijo que si no había presupuestos habría elecciones, pero no quiso consensuarlos ni debatirlos porque nunca pensó en gobernar. Solo en resistir, en sobrevivir políticamente.

Así estamos, con una presidenta sin agenda, sin palabra y sin coraje. Que no gobierna, no quiere debatir y que, desde hace días, no aparece.

Este fin se pasará por aquí el señor Feijóo, no para escuchar a los extremeños, sino para asegurarse de que sus órdenes se cumplen y de que la marioneta sigue los hilos. Extremadura se ha convertido en el campo de pruebas para salvar al soldado mayor, en el escaparate en el que el PP intenta recomponer su relato nacional, mientras aquí se acumulan proyectos paralizados, oportunidades perdidas y la apatía de un gobierno ausente.

Pero la región no está en parálisis permanente. Está en pausa. Y las pausas se terminan. Extremadura necesita acción, no excusas. Necesita un gobierno que trabaje y no se esconda. Y el proyecto del PSOE ofrece inversión real, servicios públicos fuertes y un compromiso claro con la gente. Es momento de acabar con la parálisis.

*Piedad Álvarez Cortés es Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista.

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