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Opinión | A la intemperie

Hoy la ciencia avanza que es una barbaridad

Donde se habla del AVE extremeño y de la central nuclear de Almaraz…

Vista de archivo de la central nuclear de Almaraz.

Vista de archivo de la central nuclear de Almaraz. / Eduardo Palomo / Efe

¿Se acuerdan de Don Hilarión, el de la Verbena de la Paloma? ¿De la zarzuela se acuerdan? Antes, en la tele, echaban con cierta frecuencia zarzuelas. Eso fue antes, antes de casi todo. Antes de Rosalía sobre todo. Rosalía como parteaguas del tiempo... Don Hilarión, ese viejo entrañable, es de antes de Rosalía y de antes de casi todo. Don Hilarión, una morena y una rubia hijas del pueblo de Madrid… Así, una de cada brazo. El viejo y ellas dos. Ahora suena cochinete. Todo cambia. A eso iba, a que «hoy la ciencia avanza que es una barbaridad»”. Ocho palabras sacadas del libreto de una zarzuela del XIX. Antes las escaleras olían a coliflor y las vecinas cantaban zarzuela. Ya no. Ya no se oye cantar en mi escalera… Ya no. No sé que pensará Tomás Bretón de todo esto. Bretón, el autor de La Verbena de la Paloma, tenía en Salamanca, su ciudad natal, un teatro repleto de vida. Repleto de vida hasta que enfermó y se murió. O lo mataron. En realidad, lo derribaron hará unos quince años y del teatro solo queda el solar. Lo que quedará de nosotros si la ciencia no lo remedia. No lo veré. Y lo que veo no me gusta (no es extraño, a los viejos no nos suele gustar nada de lo que vemos). Venía este largo exordio (exordio, qué palabro tan bonito) a raíz de un suceso que me ha dejado turulato (turulato, que tampoco es palabro manco). Navegando por la red, más bien naufragando, expurgando radio en lata tropecé con una colección de canciones de los cincuenta en voces femeninas, género que es muy de mi agrado. Yo esperaba encontrarme a Doris Day y a Peggy Lee. No. No reconocí ni las canciones ni las cantantes. Y, sin embargo, mi sorpresa era grande, no tanto por eso, sino por la gran calidad de lo que estaba oyendo. ¿Cómo se me había podido escapar semejante tonelaje de grandes canciones? ¿En qué oscuro cofre se habían mantenido ocultas? Indagando vine a caer en la cuenta de que las tales cantantes, a pesar de tener rostro y nombre, no existían, es más, no habían existido nunca. ¡Nunca! Eran creación de laboratorio. Eran fruto de eso que llaman inteligencia artificial… y no supe si reír o llorar. O vomitar. Vomitar en sentido bíblico, vomitarlas como el Señor prometió vomitar a los tibios. Lo dijo el escribano de Dios en el Apocalipsis. Apocalíptico.

Distinguir la verdad de la mentira va a ser cada vez más difícil. Y lo peor de lo peor es que cada vez van quedando menos verdades en las que creer. Así, de cabeza, solo dos: que en Extremadura para esa fecha seguiremos sin tren en condiciones y que para entonces Almaraz estará cerrada. Por tontos. Por extremeños

La IA tiene algo de apocalíptico. ¡Qué bien cantan las condenadas! ¡Y qué bonitas las condenadas canciones! Bonitas, ay, como muñecas hinchables… Y me acordé de la rubia y la morena de Don Hilarión, una de cada brazo, tan macizas, tan de verdad, y de que ya Don Sebastián le dijo a Don Hilarión que «hoy la ciencia avanza que es una barbaridad». Tanto avanza que ese mismo día escuché en el telediario que para 2030 habrán desaparecido los teléfonos móviles. Señor, obra en mí según tu voluntad. Cuentan que nos meterán un chip en salva sea la parte y a correr. A correr a lo bobo, entiendo. Y eso ocurrirá, supuestamente, en apenas cinco años… ¿Será posible? ¿O será un bulo? Distinguir la verdad de la mentira va a ser cada vez más difícil. Y lo peor de lo peor es que cada vez van quedando menos verdades en las que creer. Así, de cabeza, solo dos: que en Extremadura para esa fecha seguiremos sin tren en condiciones y que para entonces Almaraz estará cerrada. Por tontos. Por extremeños. No se les olvide aplaudir (y si son diputados votar que sí).

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