Opinión | Calle Libre
Elusión
Se están creando núcleos de jóvenes activistas de extrema derecha que se mezclan en núcleos tradicionalmente obreros y de mentalidad progresista

Una multitud aúpa a Santiago Abascal el día en que Vox abre la campaña en Cáceres. / Jorge Valiente
He tenido la oportunidad de salir fuera de Extremadura hace unos días y he escuchado, con la gente que he podido interactuar, un comentario muy extendido hacia la actitud de una parte de nuestra juventud con respecto al reconocimiento de los errores de nuestro pasado más reciente.
Ha salido a colación como, por ejemplo en el entorno de grandes ciudades, se están creando núcleos de jóvenes activistas de extrema derecha que se mezclan en núcleos tradicionalmente obreros y de mentalidad (y voto) progresista, haciendo propaganda muy explícita por sus calles y lugares de reunión de sus ideas.
Esquivar la realidad
Esta manera de esquivar, eludir, la realidad de la importancia que supuso la conquista de la Democracia, la pudimos padecer recientemente con la actitud de un grupo de jóvenes que acudieron a un mitin del líder de Vox en el Gran Teatro de Cáceres.
Precisamente, la principal virtud de la Democracia es que permite a todos expresar nuestras opiniones, siempre y cuando no se recurra a la violencia. Sin embargo, en el momento en el que un grupo de gente protesta bajo el lema de «No al fascismo» y se les responde llamándoles «inadaptados», «piojosos», «Pedro Sánchez hijo de puta», «Franco, Franco, Franco» o « al paredón», entendemos que al vociferar estas expresiones no se transita por caminos exquisitamente pacíficos.
"Tienen escasa formación o inteligencia"
Claro que una explicación evidente es que buena parte de estos jóvenes o tienen escasa formación o probablemente poca inteligencia. Eso sería un motivo disculpa ya que (esperemos) que con el tiempo se cure. En caso contrario, no se entiende tampoco cuando las personas mayores les interpelan recordando lo que sufrieron sus padres o sus abuelos en la pasada Dictadura, y su respuesta no cambia un ápice de la que acabamos de comentar.
La Historia nos ha enseñado que hay que ser muy precavidos con estos movimientos. Hay pruebas contrastadas de las consecuencias que llevó la apelación a la movilización, tanto en las calles, como en las urnas, de movimientos de este tipo. Lo vimos en Alemania con el surgimiento del nazismo y lo padecimos en España con la falta de libertad cuando impusieron, en esta ocasión por la fuerza, sus ideas.
De esta forma, si desde el respeto podemos debatir y contrastar cualquier tipo de posicionamiento político, es completamente censurable la apelación a la violencia, a la imposición, al enfrentamiento directo («ir de caza» me comentaban que hacen en algunos lugares para salir a buscar a los que piensan diferente).
Desde la educación trabajaremos para propagar los valores democráticos. La elusión de estos será motivo de confrontación dialéctica permanente.
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