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Opinión | Editorial

La meteorología, de tema cotidiano a prioridad ciudadana, también en Extremadura

La preocupación por episodios como la dana y el temor a repetir errores políticos explican la anticipación y el despliegue de alertas en el norte de Cáceres ante la borrasca Claudia

Operarios tratan de aliviar la acumulación de agua en la avenida de Alemania de Cáceres, por la borrasca Claudia, que sigue azotando Extremadura.

Carlos Gil

La información meteorológica ha dejado de ser una conversación de ascensor para convertirse en una de las principales inquietudes de la ciudadanía. No es casual: la dana de octubre del año pasado en Valencia y Castilla La Mancha, que costó la vida a 230 personas, continúa presente en la memoria colectiva y opera como un recordatorio de la fragilidad de nuestras infraestructuras y de la vulnerabilidad de muchos territorios. También pesa entre los responsables políticos, que temen una gestión que pueda convertirse en un nuevo “caso Mazón”, donde la falta de previsión derivó en un coste social y político difícil de asumir.

Probablemente sin estos dos elementos —la experiencia traumática de la dana y el precedente político— el operativo de prevención, análisis e intervención ante la borrasca Claudia no habría sido tan exhaustivo como hemos podido apreciar en Extremadura. La activación anticipada de avisos, incluso de nivel rojo, forma parte de una cultura de anticipación que Extremadura aún está construyendo, pero que se consolida cada vez que la meteorología se complica. La cooperación entre el Sepei de la Diputación de Cáceres y el Cecop constituido de emergencia por la Junta demuestran, de nuevo, que en esa colaboración con el servicio público como prioridad, reside el éxito de la gestión política, que no de partido.

Fenómenos que exigen vigilancia y rapidez

Lo ocurrido en la noche del jueves al viernes en el norte de Cáceres, relatado en directo por EL PERIÓDICO EXTREMADURA, es un buen ejemplo de todo ello: acumulaciones intensas de lluvia, crecidas rápidas de arroyos y cortes puntuales que, sin convertirse en un fenómeno extremo, exigieron vigilancia y rapidez. Claudia no ha sido un episodio severo, pero sí una muestra más de cómo el clima cambia, se vuelve más imprevisible y obliga a adaptar los protocolos. En esos protocolos deben incluirse tanto la transparencia de las fuentes oficiales como la profesionalidad de los verdaderos medios informativos. Sin alarmismos y con rigor, contribuyendo a ese servicio público para que los habitantes la región, sobre todo los afectados, estuvieran al tanto de lo que iba sucediendo. Ese es el compromiso del periodismo cercano, un ejemplo más de la labor diaria de quienes trabajamos en las cabeceras extremeñas de Prensa Ibérica.

Frente a quienes consideran exageradas las advertencias de nivel amarillo, naranja o rojo, conviene recordar que la anticipación salva bienes y, a veces, vidas. El coste de una alerta “excesiva” siempre es inferior al de una alerta tardía. La meteorología ya no responde a patrones clásicos: la combinación de temperaturas elevadas, humedad y fenómenos convectivos genera episodios breves pero muy dañinos, especialmente en una región con una orografía compleja y zonas rurales dispersas. Extremadura, que ya sufre de forma evidente las consecuencias del calentamiento —más olas de calor, menos agua almacenada, mayor frecuencia de episodios intensos—, no puede permitirse frivolizar con estos avisos. Forman parte de una política pública esencial, y la ciudadanía lo sabe: de ahí la creciente atención y la sensibilidad social hacia cada boletín de la Aemet.

Transición energética con rigor

Los efectos de la borrasca coinciden, en el tiempo, con la cumbre climática de Brasil, que avanza con la dificultad habitual de estas citas, marcadas por la tensión entre los compromisos verdes y los intereses económicos. Ante semejante contexto hay preguntas que resultan del todo pertinentes, porque siendo cuestiones colaterales, impactan de lleno en el fondo del problema: ¿podemos permitirnos debates estériles y peloteos políticos, como los que rodean al cierre de Almaraz, en un contexto de emergencia climática? La transición energética requiere rigor, planificación y verdad, no cálculos partidistas de corto vuelo.

Extremadura está en primera línea del impacto del cambio climático. La anticipación no es solo meteorológica: debe ser también política, económica y social. Asumir el nuevo tiempo climático implica reducir emisiones, reforzar la adaptación y evitar convertir cada decisión estratégica en un campo de batalla partidista.

La meteorología ya no es un tema de conversación banal. Es un indicador de futuro. Y cada episodio como la borrasca Claudia nos recuerda que hemos entrado en una época donde la prudencia y la ciencia deben ser la guía, no la improvisación ni el ruido político.

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