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Opinión | Es decir

Junts, la metáfora del cáncer

Tras el choque, la negación es la primera etapa del duelo

Miriam Nogueras, portavoz de Junts

Miriam Nogueras, portavoz de Junts / Efe

Justo cuando el Congreso aprueba una proposición para regular el uso de la palabra «cáncer», un diputado de Junts, Josep Pagès, dice que el Gobierno está en «la fase de negación», que es, como se sabe, la respuesta inicial del enfermo de cáncer al conocer el diagnóstico, el cual no acepta. La proposición, aprobada el 28 de octubre con el voto favorable de Junts –o al menos con su abstención–, quiere suprimir del lenguaje de las instituciones la palabra «cáncer», argumentando que «no es aceptable emplearla como metáfora de lo peor» e instando a «un lenguaje responsable y empático en torno al cáncer», según la nota de prensa del Congreso del día 28. Ese día, por lo que fuera, es para el diputado Pagès uno de esos días de los que no se recuerda nada, de tan iguales.

Lo que no tiene disculpa es el argumento de que la palabra cáncer «no es aceptable emplearla como metáfora de lo peor». ¿Significa entonces que es aceptable emplearla como metáfora de lo mejor, incluso para el cáncer, donde solo puede ser metáfora de lo negativo, de lo que destruye y, aunque ya no siempre, de lo que mata?

Al decir que el Gobierno está en «la fase de negación», se refiere a la ruptura de Junts, la cual sería el cáncer del Gobierno por ser lo que el Gobierno no acepta. Pero no queda claro si el cáncer es la ruptura o es la pérdida de Junts como consecuencia de la ruptura, entendiendo por la pérdida de Junts la pérdida de un socio, un aliado, lo que sea. Y es que la explicación dada el jueves por el diputado al ministro Félix Bolaños –sinécdoque del Gobierno– es la que es: «Usted, ante un hecho traumático como es esta ruptura de Junts, está en la fase de negación. Tras el choque, la negación es la primera etapa del duelo, caracterizada por la incredulidad ante la pérdida y la negación de la realidad: las personas actúan como si la pérdida no hubiera ocurrido». Está claro, al menos para el diputado: el cáncer puede ser lo mismo la ruptura de Junts que la pérdida de Junts, pues no se sabe qué es qué, excepto que son dos hechos traumáticos, la ruptura o la pérdida.

En fin, habrá que disculpar al diputado por emplear la metáfora del cáncer, ya que el día en que se aprueba la proposición es para él, por lo que sea, uno de esos días iguales que se persiguen a sí mismos (Neruda: «andan días iguales persiguiéndose»). Lo que no tiene disculpa es el argumento de que la palabra cáncer «no es aceptable emplearla como metáfora de lo peor». ¿Significa entonces que es aceptable emplearla como metáfora de lo mejor, incluso para el cáncer, donde solo puede ser metáfora de lo negativo, de lo que destruye y, aunque ya no siempre, de lo que mata? Por no hablar de «promover un lenguaje responsable y empático en torno al cáncer». Si es empático, no es responsable. ¿O acaso el cáncer lo es, empático y responsable?

¡Ay, qué larga enfermedad!

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