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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

¿Necesita EEUU una guerra contra Venezuela?

La UE debe decidir si sigue siendo colonia cómplice de los norteamericanos

Trump junto a Netanyahu

Trump junto a Netanyahu

El principal motor económico de EEUU es la industria de las armas: 997.000 millones de dólares en 2024, un 3,4% del PIB; para hacernos una idea más precisa, ese gasto, en España, supondría el 58% de toda nuestra riqueza. Durante los últimos treinta años, el dato ha ido a la baja, presentando subidas en conflictos internacionales importantes (Irak, Afganistán).

Si repasamos las principales guerras de los últimos años, todas ellas han contado con el impulso, la complicidad o la tolerancia de EEUU. Así, la presión ejercida dentro de la OTAN (liderada por EEUU) para que los países fronterizos con Rusia entraran en la organización militar —incluido Ucrania— ha constituido un elemento crucial para empujar a Putin a escalar el conflicto; lo mismo se puede decir del apoyo responsable y culpable a Netanyahu en el genocidio de Gaza.

Donald Trump ha llegado a su último mandato con la promesa de acabar con todas las guerras, pero lo cierto es que el proceso de paz en Oriente Medio duró apenas unos días, la guerra en Ucrania se ha recrudecido en las últimas semanas y EEUU ha iniciado un conflicto con Venezuela que no existía, de unas consecuencias imprevisibles y explosivas en toda América Latina.

EEUU necesita guerras, porque son fundamentales para impulsar la industria armamentística que, a su vez, es la locomotora económica del país. Por eso busca excusas para iniciarlas, por eso las mantiene en el tiempo y por eso las tolera.

Como europeos que somos, estamos obligados a reflexionar sobre nuestro papel en este escenario internacional que viene de largo y que, aunque en crisis, Trump está determinado a consolidar e impulsar.

La obligación de que todos los países miembros de la OTAN aumenten su contribución a la organización hasta un 5% es, sencillamente, una transferencia de capital de nuestros bolsillos a los de los ciudadanos estadounidenses; no en vano, el compromiso no solo consiste en llegar a ese porcentaje neto de contribución, sino en que una parte importante del gasto se dedique a comprar armas fabricadas en EEUU

La obligación de que todos los países miembros de la OTAN aumenten su contribución a la organización hasta un 5% es, sencillamente, una transferencia de capital de nuestros bolsillos a los de los ciudadanos estadounidenses; no en vano, el compromiso no solo consiste en llegar a ese porcentaje neto de contribución, sino en que una parte importante del gasto se dedique a comprar armas fabricadas en EEUU.

La UE fue cómplice en la guerra de Ucrania, empujando a un país de cultura eslava y frontera de Rusia a darse de alta en un imposible club europeo que cada vez tiene más dificultades para avanzar, por su número de miembros y por las enormes distancias culturales entre ellos. Con duras críticas, incluso de su ex jefe diplomático, Josep Borrell, la UE también ha permitido, con su intolerable pasividad, la masacre de Gaza.

Acompañando la estrategia de EEUU, tolerando los conflictos que ellos toleran y transfiriendo fondos de los ciudadanos españoles a los estadounidenses, Europa (y, por tanto, también España) viene siendo cómplice de todas las grandes guerras internacionales. ¿Querrá serlo también de la que se avecina contra los hermanos latinoamericanos? ¿Qué haremos si a EEUU le hace falta desestabilizar China provocando un conflicto en Taiwán?

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