Opinión
Hacia una política inmigratoria sin conflictividad

Inmigrantes llegan en patera a Fuerteventura / Efe
Ahora que la inmigración es el centro del debate de los partidos políticos en toda Europa y España por diversas cuestiones, tal vez habría que orientar las medidas hacia modelos que dieron resultado en el pasado. Sería una solución para los problemas de integración, racismo o xenofobia que se están extendiendo por doquier.
Es un ejemplo de práctica exitosa el caso de los españoles, portugueses, italianos o yugoeslavos en ese momento, que emigraron en la década de los 60 y 70 del siglo pasado a Alemania, Suiza o Francia y no generaron conflictos sociales ni corrientes de repulsa entre los nativos ni de explotación laboral en destino.
Nuestros emigrantes tenían unos perfiles que, en teoría, según los estudios sociológicos actuales, reunían varios factores de riesgo (jóvenes, varones no acompañados, sin conocimiento del idioma, sin formación y sin pagas de ningún tipo). Sin embargo, la delincuencia no fue un rasgo característico de esa emigración.
Y, de manera resumida, se explica por los siguientes motivos:
A) Migración organizada y legal
-La emigración española de los 60 y 70 se hizo a través de convenios bilaterales entre España y otros países europeos.
-Los trabajadores llegaban con contrato, alojamiento y un marco legal claro. Eso reducía su vulnerabilidad, aunque eventualmente pudieran darse casos de segregación al ser considerados como ‘trabajadores invitados’.
B) Objetivo económico muy definido
-La mayoría de esos jóvenes emigraba con la idea de trabajar duro y enviar dinero a sus familias. Conozco perfectamente ese escenario a través de mi padre, mis tíos y vecinos.
- Esa motivación de “juntar muchas perritas” (dinero) para tener mejores condiciones a su regreso a casa que cuando partieron reforzaba la disciplina laboral y la integración mínima necesaria.
C) Contexto económico receptor
-En Alemania, Francia, Suiza, etc., existía una gran demanda de mano de obra en las fábricas, la construcción y los servicios. Todo ello aseguraba empleo inmediato
-La remuneración era acorde con la cualificación para el trabajo realizado. Como el marco o el franco eran monedas muy fuertes frente a la peseta esto motivaba más a los trabajadores.
-Las remesas se convirtieron en una de las principales fuentes de divisas, lo que también ayudó al «desarrollismo español».
-Y las familias que tenían algún emigrante prosperaron de forma más rápida que los peones o jornaleros que permanecieron en España.
D) Percepción social en destino y redes de apoyo comunitario
-Aunque muchos estaban solos, se generaban comunidades de emigrantes españoles que se apoyaban mutuamente.
-La prioridad por «no dar mala imagen» y cumplir con el objetivo de enviar dinero a sus familias en origen era una cultura muy arraigada.
-Así, los españoles fueron vistos como trabajadores aplicados y sin exigencias de tipo cultural, religioso o festivo.
-Eso facilitó su aceptación y redujo la estigmatización.
Por consiguiente, la emigración de los países del sur de Europa a los del centro durante la década de los 60 y 70 no derivó en conflictividad ni rechazo social ni en utilización política, simplemente porque fue legal, organizada y vinculada a un mercado laboral en expansión que requería personal en determinados sectores. Lo mismo que pasa ahora en la UE y España.
¿Por qué no se utilizan ahora las mismas reglas que funcionaron en el pasado? ¿Por qué no se canalizan de forma ordenada los flujos migratorios desde el origen? ¿Por qué quienes vienen a vivir con nosotros no hacen un esfuerzo para integrarse? ¿Qué intereses hay en fomentar la inmigración irregular y descontrolada? ¿Por qué se permite que la inacción política beneficie a las asociaciones clandestinas que trafican con la desesperación? ¿Quiénes se benefician del trato de personas?
Y, entonces, cabe plantearnos: ¿Por qué no se utilizan ahora las mismas reglas que funcionaron en el pasado? ¿Por qué no se canalizan de forma ordenada los flujos migratorios desde el origen? ¿Por qué quienes vienen a vivir con nosotros no hacen un esfuerzo para integrarse? ¿Qué intereses hay en fomentar la inmigración irregular y descontrolada? ¿Por qué se permite que la inacción política beneficie a las asociaciones clandestinas que trafican con la desesperación? ¿Quiénes se benefician del trato de personas?
Si así hiciéramos se evitarían las mafias que viven del tráfico de personas, los fallecidos en el mar, las frustraciones de aquellos a quienes prometieron el paraíso, el desarraigo familiar de los jóvenes que viajan engañados. En fin, estamos hablando de derechos humanos y del lucro de grupos u organizaciones que viven a costa de la desgracia de los más vulnerables.
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