Opinión | Extremadura desde el foro
Una teoría del cambio: IA y precios

IA / Angel Colmenares
Existe una tendencia, que tiene bastante lógica, que conduce a sobreponderar el valor de un activo, producto o un servicio por la tecnología que lo respalda. Sensu contrario, al otro lado del ring, se posicionan aquellos que denostan ese mismo valor cuando la tecnología no prueba ser tan revolucionaria o se queda «a medio camino». Suele ser, claro, una visión oportunista a posteriori.
Lo cierto es que la verdadera revolución suele estar en la usabilidad y no en la transformación tecnológica per se ¿Qué suele ocurrir cuando verdaderamente una tecnología arrasa e irrumpe en nuestra vida? ¿Y, sobre todo, por qué sucede? Lo que acontece es que la ‘invasión’ suele ser gradual, no repentina, y, aunque no es condición indispensable, inesperada o al menos no largamente anticipada. Segundo, su valor se dispara cuando deja de ser percibida sólo desde la perspectiva del avance y pasa a convertirse en herramienta. La aplicabilidad, que suele estar determinada por la comodidad, seguridad o integración (cuando no las tres al mismo tiempo) la convierte en éxito. Y pasa a ser absorbida en nuestro día a día. Si Google mató a las páginas amarillas, los SMS vieron su canto del cisne cuando WhatsAPP entró en nuestras vidas. Pocos años antes ninguno de esos cambios se habría previsto, o no de la forma en que se produjeron.
La introducción en nuestras vidas de la Inteligencia Artificial (IA) se está produciendo por una doble vía: por un lado, para el usuario común, se ha producido de un modo más 'lúdico'; por otro, para las compañías es un reto de integración de algún modo por definir.
Además, está el ruido alrededor de la potencial burbuja de valoración en los mercados. Jeff Bezos -Amazon- la denominó «burbuja industrial», asumiendo que habrá una limpieza en el camino pero que ayuda al avance real de la IA. Parece claro que aún no conocemos el impacto real de la IA en la economía, pero ya se asienta la tendencia a la sobrevaloración de todo lo que lleva esta etiqueta.
La introducción en nuestras vidas de la Inteligencia Artificial (IA) se está produciendo por una doble vía: por un lado, para el usuario común, se ha producido de un modo más 'lúdico'; por otro, para las compañías es un reto de integración de algún modo por definir.
Sin embargo, las disrupciones tecnológicas, históricamente, se ha probado deflacionarias en el medio y largo plazo. Y, de hecho, lo que ya está haciendo (tímidamente) la IA es reducir una brecha que ha sido profusamente estudiada en el capitalismo moderno: la asimetría de la información. Cuando todo el mundo tenga un ‘genio’ en su bolsillo, los precios de los servicios y de la intermediación tenderán a reducirse.
Eso significa dos cambios paulatinos que explican bien la absorción de la IA en el día a día. Uno, tendrá un valor creciente la recomendación, especialmente cuando cumpla con requisitos de validación. Dos, el impacto ‘transaccional’ de la IA vendrá cuándo y dónde pueda sustituir al factor humano, lo que abaratará procesos y servicios.
Todo esto ya empieza a aparecer en nuestras vidas. Por una sencilla razón: la IA ha encontrado en la absoluta omnipresencia y universalidad del smartphone su canal perfecto. Si sabe cómo utilizarla (y adaptarse a los futuros cambios) será un ahorro de tiempo…y dinero. n
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