Opinión | Desde el Umbral
Buzones
Ya no llegan apenas cartas. Si acaso, recibos, tasas e impuestos

Una persona introduce una carta en un buzón de correos / JESUS DIGES
A los buzones ya no llegan apenas cartas. Si acaso, recibos de la luz, del agua, del gas o para el cobro de ciertas tasas e impuestos. Y eso solo si no se ha activado ya la opción de la factura electrónica o las notificaciones digitales. También puede aparecer en el buzón alguna cita médica para una intervención quirúrgica o una prueba diagnóstica de cierta relevancia. Aunque lo que más abunda es la propaganda, que se sigue colando por esa vía a pesar de que nos bombardean con ella por otros medios más persuasivos e invasivos. Pero cartas, lo que se dice cartas, no llegan. Ni caligrafiadas, ni mecanografiadas, ni tan siquiera impresas. Es cierto que ahora nos comunicamos de manera más ágil, aprovechando los recursos tecnológicos, que facilitan que todo sea más rápido y fluido. Pero quizá deberíamos continuar utilizando las cartas para contar según qué cosas o para conversar sobre según qué temas.
Sería hermoso poder conjugar la tradición y la modernidad, sin que nada quede excluido, y recuperar esa vieja costumbre de escribir a quien apreciamos o a quien queremos, como hacían nuestro antepasados en otros tiempos, dejando un testimonio indeleble, no susceptible de desaparecer o perderse en un amasijo de chips, circuitos, plásticos y metales
Porque lo instantáneo puede torpedear la capacidad de reflexión y el necesario reposo que a veces necesitan las palabras para que acaben significando lo que representan en nuestra mente cuando las tejemos. No es lo mismo el ‘ratatá’ de los dedos golpeando el protector de pantalla que la caricia de una punta tintada que se desliza para teñir con ideas, argumentos o emociones un papel. Esto no quiere decir que reneguemos de las inmensas posibilidades que los nuevos tiempos nos han ido poniendo sobre la mesa. Pero sería hermoso poder conjugar la tradición y la modernidad, sin que nada quede excluido, y recuperar esa vieja costumbre de escribir a quien apreciamos o a quien queremos, como hacían nuestro antepasados en otros tiempos, dejando un testimonio indeleble, no susceptible de desaparecer o perderse en un amasijo de chips, circuitos, plásticos y metales. Es cierto que cualquiera puede hacerlo, y que esta posibilidad está al alcance de la mano de todos. Pero no lo ejecutamos, bien sea por las prisas, por la falta de costumbre o hasta porque ya no sabemos la dirección o las señas ni de la familia. El caso es que los buzones están vacíos y no parece que ya nunca más vayan a volver a llenarse con todas esas letras que, in illo tempore, alguien esperaba con la ilusión, la impaciencia o la esperanza de quien sabe que algo llegará, sin saber cuándo, cómo, ni de qué manera.
Suscríbete para seguir leyendo
- Las ‘Cañas de Navidad’, a revisión: por qué hosteleros y administraciones apoyan los cambios en horarios y normas
- Muere Paco Movilla, referente de la creación, el cine y la publicidad en Cáceres
- En estado muy grave un joven de 28 años tras sufrir un accidente en Don Benito
- Paula Josemaría podría volver con Bea González
- Nueva condena al ex alcalde de Trujillo: ocho meses sin carnet por conducir ebrio
- Marco pone luz a la Navidad en Plasencia, en una plaza Mayor abarrotada
- Tras el cierre de Superdroma y Droguería José Mari, las grandes cadenas concentran la venta de colonias de Reyes en Cáceres
- Ya hay fecha para el nuevo supermercado de La Madrila de Cáceres: 17 de diciembre
