Opinión | Extremadura desde el foro
El derribo
La separación es una garantía democrática y hay que luchar por ella

Jordi Pujol / Alberto Paredes - Europa Press
Ya que a muchos parece gustarles, les voy a dar no un dato, sino cuatro. Lamentablemente, hemos aprendido que la verdad está en vías de extinción, sometida a esos cristales con los que se mira, y que muchos llevan puestos de serie. Lo cierto es que los fríos hechos no debiesen estar sometidos a la dictadura del relativismo, pero no vamos a caer ahora en esa inocencia de forma gratuita.
Hecho primero: dos de los cinco jueces del Supremo que han condenado al (ex) fiscal general García Ortiz castigaron al Partido Popular en el juicio de la Gürtel. Es más, el ponente fue uno de ellos, Antonio del Moral. Esa demoledora sentencia fue el (reconocido) báculo sobre el que pivotó la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a Moncloa (esto sería un hecho primero ‘bis’).
Hecho segundo: toda la denominada ‘traición’ al bloque progresista dentro del Consejo General del Poder Judicial significa que dos vocales, nombrados a petición de partidos de izquierda, entre ellos la presidenta Isabel Perelló, decidieron no asumir tesis del denominado bloque progresista. Votaron en función de su entendimiento y conocimiento jurídico.
Hecho tercero: el propio Presidente del gobierno en 2018 afirmó, textualmente, que tanto en la oposición como en el gobierno, las «resoluciones judiciales no se califican, se respetan” al hilo del proceso contra Carles Puigdemont.
Hecho cuarto: Manuel Marchena, ex presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, y que estuvo al frente del denominado proceso al ‘procés’, fue cuestionado y vilipendiado señalando su adscripción política conservadora. La misma no parecía ser un obstáculo cuando el presidente Sánchez le propuso, en dos ocasiones, la presidencia del Consejo General del Poder Judicial.
Las quejas por la existencia de bloques es una respuesta institucional a consagrar un sistema politizado de gobierno contrario a los mandatos de la UE. O que el lawfare solo parece existir si las sentencias son contrarias, o a menos, no casan con la visión. Es decir, solo cala en la justicia cuando no llevamos paraguas
La suma de estos hechos (conviene repetir la palabra) se prestan para sacar algunos conclusiones rápidas. Si los jueces condenaron a ambos partidos sin duda pueden ser que están haciendo algo (tan revolucionario) como responder al sometimiento al imperio de la ley. Las quejas por la existencia de bloques es una respuesta institucional a consagrar un sistema politizado de gobierno contrario a los mandatos de la UE. O que el lawfare solo parece existir si las sentencias son contrarias, o a menos, no casan con la visión. Es decir, solo cala en la justicia cuando no llevamos paraguas.
En definitiva, asistimos a un intento intencionado de derribo de una fina pero nada superficial barrera: el control judicial de los poderes políticos. Por ahí van a ir declaraciones y actos en las próximas semanas/meses. No es que el poder judicial haga política. Es que representan una amenaza en el estado de derecho frente a un poder omnímodo o a la impunidad de las actuaciones políticas y administrativas. Desconfíen: esta separación es una garantía democrática. Esas por la que debemos luchar cada día.
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