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Opinión | espectráculos

Mario Martín Gijón

El enfermo imaginario

No he podido sino recordar la comedia de Molière mientras leía el libro Juan Ramón Jiménez y las drogas. La influencia de los fármacos en la vida y obra del poeta de Moguer, de Jonás Sánchez Pedrero, publicado por El Desvelo Ediciones. El estudio, en base a una investigación que le ha llevado al autor unos quince años, pero sobre todo siguiendo las cartas y el diario tanto del poeta onubense como de su abnegada esposa, Zenobia Camprubí, demuestra que el que se presentaba como un adalid de la poesía pura, tenía una vida bastante impura, o al menos bastante insana, pues desde la muerte de su padre, cuando él solo tenía 19 años, se convirtió en un adicto al opio sobre todo, pero también a un sinfín de medicamentos que tomaba para mitigar los efectos de la abstinencia a esa sustancia, que también consumía su madre.

Nacido en Rivas-Vaciamadrid en 1979, pero afincado desde hace dos décadas en el pueblo de su padre, Baños de Montemayor, y bibliotecario en Hervás, supe de Sánchez Pedrero por primera vez gracias a Eduardo Moga, quien por entonces habitaba también el norte de Cáceres y reseñó elogiosamente Pezón, libro de aforismos. Pero hasta hace poco no conocía su faceta de incansable investigador sobre la influencia de las drogas en algunos de nuestros escritores más conocidos, aspecto poco tratado por los filólogos al uso, que prefieren fomentar lo que el autor llama «el manido estereotipo del poeta encerrado en su torre de marfil».

Cierto que la realidad biográfica suele ser más fea que el destilado de los versos de Juan Ramón. Más de sesenta medicamentos tomó el poeta a lo largo de su vida; más de setenta médicos lo atendieron, cuando no tenía ninguna enfermedad, salvo la adicción al opio, cuya abstinencia le provocaba diarreas e irritación, que solo se calmaban con otros fármacos. Una irritabilidad que provocó la ruptura con otros poetas. En fin, un verdadero calvario, que se prolongó durante más de medio siglo, desde su juventud hasta su muerte, sobre todo para su esposa Zenobia (con razón su madre se oponía a que se casara con ese hipocondriaco) y que adquiere ribetes penosos.

En sus raros intervalos de bienestar, Juan Ramón escribió libros fundamentales para la poesía española, en algunos de los cuales, como Espacio, Sánchez Pedrero argumenta que la influencia de las drogas resultó determinante para su escritura.n

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