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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

La exizquierda traidora

Primero perdieron la ideología y ahora perderán el poder

Pedro Sanchez y Pablo Iglesias.

Pedro Sanchez y Pablo Iglesias. / JOSE LUIS ROCA

Poco a poco, la mayoría social va comprendiendo que no hay izquierda. Siempre es igual: primero lo afirman unos pocos, luego pasa a la agenda política y acaba formando parte del sentido común de época. Quienes lo afirmábamos hace unos cuantos años, no estamos ya tan solos.

La ex izquierda (PSOE, Sumar, Podemos y todos los partidos fagocitados, como IU y el histórico PCE) ha escogido un camino que ayuda a difundir la idea clave: quien utiliza el poder para convertir a los partidos políticos en fines en sí mismos que, a su vez, sirven para sostener el sistema que machaca a los trabajadores, no puede ser izquierda.

El pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, fraguado ante el celestino peneuvista Iván Redondo, nació bajo la teoría de Iglesias: en España la izquierda solo tiene algo que hacer de la mano de independentistas y nacionalistas de todo pelaje. Semejante engendro político, sin sustento ideológico alguno, solo tenía como objetivo la conquista y el mantenimiento del poder, norte existencial del sanchismo.

Nunca cupieron el anhelo de los trabajadores por un salario justo, la lucha a cara de perro por la seguridad en el trabajo, el desarrollo del derecho a una vivienda digna, la construcción de un proyecto político ilusionante para los jóvenes, y todo aquello en que se basó el socioliberalismo de la segunda mitad del siglo XX. No digo la socialdemocracia clásica con la que Clement Attlee nacionalizó en Reino Unido todos los sectores estratégicos de la economía, incluido el Banco de Inglaterra, entre 1945 y 1951; no digo el socialismo que pretende transformar la estructura de la propiedad; y nada más lejos, claro, del comunismo que busca el fin de las clases mediante la socialización de los medios de producción.

El tiempo se les acaba, y no saben cómo aprovechar el que les queda, porque su brújula pertenece a un mundo que ya no existe: perdieron toda la ideología y ahora perderán todo el poder

Esta ex izquierda ha preferido echarse en brazos de las burguesías locales que sostienen los nacionalismos periféricos. Eligieron intentar convencernos de que un hombre podía ser mujer con solo desearlo. Han preferido gastar dinero público en ayudas universales en vez de segmentarlas por rentas. Han querido entretenernos con impuestos impotentes a la banca privada, en vez de exigirles el dinero que le dimos para que se salvara o en vez de crear banca pública fuerte. Han jugueteado con la idea impracticable de poner tope al precio de la vivienda, en vez de construir miles de viviendas públicas que, siete años después de su Gobierno, habrían bajado drásticamente los precios.

Han ido delineando sobre el papel cuáles eran los caminos más eficaces para ganar el voto de regiones y lobbies que supuestamente les sostendrían en el poder. Para ello, abandonaron el camino de la igualdad y la emancipación de los trabajadores.

Y esa traición, que se viene gestando desde los años sesenta del siglo XX en Europa, es ya evidente para casi todo el mundo. El tiempo se les acaba, y no saben cómo aprovechar el que les queda, porque su brújula pertenece a un mundo que ya no existe: perdieron toda la ideología y ahora perderán todo el poder.

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