Opinión
Ricardo Cupido, diez novelas después
Con ‘Wendy’ el escritor extremeño Eugenio Fuentes lleva a su detective a la cumbre de la novela negra, en un ejercicio de buen hacer literario e intriga hasta la última página

El escritor extremeño Eugenio Fuentes.
En 1994 el detective Ricardo Cupido iniciaba una aventura literaria cuyas dimensiones todavía perduran. Es uno de esos casos en los que un personaje de ficción tiene tanta potencia que se incrusta en el imaginario de miles de lectores a la vez. Y eso solo sucede gracias a escritores realmente tocados por la varita del talento y con mucho oficio detrás. Con Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958) me sucede que temo no hacer una crítica justa, pues me fascina tanto su producción literaria como la bonhomía que rezuma él como ser humano y que conozco en primera persona.
‘Wendy’, la décima (y voluminosa) de las novelas protagonizadas por el detective de Breda, es otro gozoso hallazgo. Fuentes tiene mucho de periodista y elige tramas pegadas a la realidad. En este caso: futbolistas, poder y grabaciones de móvil. ¿Les suena? La historia tiene un comienzo sencillo. Wendy Gómez, aparece muerta en Breda. Al igual que en otros trabajos, al principio todo parece indicar que se trata de un crimen sin más. Las pesquisas de Cupido, siempre del lado de las víctimas, son como las matrioskas rusas, van desentrañando la doble vida de Wendy, a la vez que reconstruye su última madrugada. Sí. Wendy, como la gran mayoría de los inocentes asesinados sabía demasiado de corrupción empresarial y tráfico ilegal. Vio algo que no debía. Era una alta amenaza para el mundo de las sombras.
Para leer a Eugenio Fuentes recomiendo siempre un papel en blanco e ir apuntando adjetivos que consultar en un diccionario. Escribe con la minuciosidad de un numismático, dosificando la información para convertir la lectura en el verdadero deleite que debe ser. Los lectores somos partícipes del balance vital que hace Cupido, aunque como es habitual en la novela negra, no esté satisfecho del todo. Alkalino, el fiel ayudante de un detective ya cuarentón y con hijos, cobra esplendor propio en ‘Wendy’ y ese es otro acierto de esta última producción. Como sucede en la vida real, no hay justicia total, y no todos los culpables y cooperadores necesarios pagan su culpa. Cupido termina con un agridulce sabor que deja el haber resuelto el puzle, pero sin haber reparado los daños que deja toda muerte injusta.
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