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Opinión | 21D: Elecciones en Extremadura

Extremadura merece una campaña electoral a la altura de su futuro

Los extremeños necesitan que el desarrollo económico y el progreso social se impongan a la bronca estéril

os candidatos del PSOE, Miguel Ángel Gallardo; PP, María Guardiola; Vox, Óscar Fernández Calle, y Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, a las elecciones extremeñas

os candidatos del PSOE, Miguel Ángel Gallardo; PP, María Guardiola; Vox, Óscar Fernández Calle, y Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, a las elecciones extremeñas / EFE /Jero Morales - Europa Press / Jorge Armestar

La campaña electoral acaba de arrancar oficialmente, aunque, por la intensidad, parezca que llevamos ya mucho tiempo, demasiado, asomados al escenario de la batalla política. Con el adelanto de la cita electoral, Extremadura se convierte en el centro de la pugna a escala nacional. Los líderes nacionales de los principales partidos, omnipresentes en los rincones de la comunidad que, en un tiempo ordinario, probablemente apenas pisarían, miden fuerzas y se habla de un nuevo ciclo político en función del resultado electoral que consiga cada uno.

Un pacto moral

El contexto en el que se desarrolla esta campaña, pero, sobre todo, el clima irrespirable de la política nacional, amenaza con opacar el debate de ideas sobre las verdaderas necesidades y retos de la comunidad. Ante la tentación de convertir las autonómicas en una extensión del lodazal del parlamento nacional, cabe remarcar lo obvio: en cada cita con las urnas se renueva, aunque a veces lo olvidemos, un pacto moral entre ciudadanía y representantes públicos. La campaña electoral no es solo un prolegómeno ruidoso antes del voto: es, o debería ser, un espacio para explicar cómo se construye un futuro común. Y en Extremadura, una región que ha arrastrado durante décadas indicadores de renta y desarrollo por debajo de la media, esa responsabilidad cobra una gravedad especial.

Los candidatos que ahora piden la confianza a los extremeños a través del sufragio universal, están llamados a algo más que a agitar el “y tú más” o a convertir cada discrepancia en enfrentamiento estéril. Extremadura necesita que los partidos y sus candidatos den un paso adelante, que eleven la mirada y hablen sin rodeos de los retos que condicionan su porvenir: la reindustrialización inteligente, la capacidad de atraer inversión sin renunciar al territorio, la formación, la conectividad, la transformación del campo, el empleo joven y la diversificación de una economía aún demasiado dependiente de pocos sectores. Con promesas y proyectos que no sean fuegos de artificio destinados a guardarse en un cajón durante años.

El diálogo como herramienta fundamental

Reivindicar esa conversación entre rivales políticos no supone una ingenuidad. Se cumplen 50 años del inicio de la democracia. Medio siglo después, merece repasar como merece lo que se llamó el espíritu de la Transición, un tiempo imperfecto, cierto, pero que fue inspirado por una certeza: el diálogo es la herramienta fundamental para convertir en real lo que parecía imposible. La política, entendida como servicio público en lugar de arma arrojadiza, constituye la base más sólida sobre la que levantar un porvenir más próspero para todos, sin dejar a nadie atrás.

Extremadura no puede permitirse que su campaña electoral sea el campo de pruebas de los discursos más sórdidos, ni de quienes hacen del enfrentamiento su único programa. Necesita, por el contrario, un espacio de encuentro, de conquista, de avances sociales que despejen, de forma definitiva, un horizonte de oportunidades reales.

Nunca hacia atrás

Hacer recobrar la esperanza a los ciudadanos es la fórmula que extingue los cantos de sirena que idealizan un pasado que jamás fue tan luminoso como se evoca. El regreso a supuestas esencias perdidas, el refugio en extremismos que prometen soluciones simples a problemas complejos, nunca ha sido la senda de progreso para una tierra que siempre ha sabido mirar hacia delante, nunca hacia atrás.

Hoy, más que nunca, Extremadura merece que sus dirigentes hablen de futuro. Que lo debatan, que lo peleen, que lo imaginen juntos. Que el mensaje a pie de urna sea, para todos, que lo mejor está por venir, si la política vuelve a situarse donde debe: al servicio de la gente y no de la gresca.

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