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Opinión

Sanguijuelas del Guadiana

CONCIERTO DE SANGUIJUELAS DEL GUADIANA EN LA SALA MATILDA DE CÁCERES

CONCIERTO DE SANGUIJUELAS DEL GUADIANA EN LA SALA MATILDA DE CÁCERES / CARLOS GIL

Han llegado desde la lejana cercanía de la Siberia a todas las capitales. Son jóvenes y su música seduce y tiene la capacidad de concitar el entusiasmo de las multitudes, que tal vez encuentran en ellos una actitud distinta y una forma diferenciadora de transmitir su arte.

¿Cuál es su don? Quizás el instinto para mostrar una identidad que, solo en un sentido accesorio, se impone por el acento natural (recordemos a Bebe), que se reivindica por sí mismo y sin necesidad de recurrir a justificaciones ni a rescates históricos, porque no existen o son redundantes. Un habla que, sin complejos ni rodeos, llega y se percibe como algo genuino, autosuficiente y, al mismo tiempo, universal, como el andaluz del flamenco y del no flamenco. Una capacidad que ha pulsado inconscientemente un punto muy sensible que acaso permanecía intocado.

Aunque el carisma de Sanguijuelas del Guadiana va más allá y quizá las raíces haya que buscarlas en las inefables razones de la creación artística y en una concomitancia de detalles que vagamente puede explicar el intelecto: una cierta melancolía existencial en sus letras, mezclada con la popularidad rítmica del rock y sus fusiones. Y unas referencias que señalan a la intrahistoria de una tierra a contrapelo, en la que han nacido y crecido y de la que asumen sus rasgos distintivos, su habla y sus expresiones populares, que aparecen sin esfuerzo en las canciones de este primer trabajo musical. Además de la conciencia expresiva de la vida en un pueblo, en contraste con el sentimiento de lo urbano.

Sus débitos y su admiración hacia otros grupos con vinculaciones a «la Extremadura» son más que evidentes, como claramente Estopa, a quienes homenajean con su magnífica versión de «Me quedaré», e intuyo que también a Robe Iniesta, de Extremoduro, mencionado en «Yesca»

Sus débitos y su admiración hacia otros grupos con vinculaciones a «la Extremadura» son más que evidentes, como claramente Estopa, a quienes homenajean con su magnífica versión de «Me quedaré», e intuyo que también a Robe Iniesta, de Extremoduro, mencionado en «Yesca». Y es que el arte no surge de la nada, sino que es el resultado de una sucesión acumulativa de propuestas y tendencias a lo largo del tiempo y el fruto de una imitación que el artista verdadero transforma con su talento personal.

Sanguijuelas del Guadiana (Carlos Canelada, Juan Grande y Víctor Arroba) se encuentran en medio de ese hallazgo milagroso que la vida, su esfuerzo, su entusiasmo y su talento han materializado en un puñado de canciones pujantes, que ojalá anuncien un éxito duradero, más allá todavía de estas que configuran su formidable «Revolá».

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