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Opinión | Carta

Rosa García Coria

Cáceres

Memorias de una chiquilla placentina

Fotogalería | La trayectoria musical de Robe Iniesta en imágenes

Fotogalería | La trayectoria musical de Robe Iniesta en imágenes / El Periódico Extremadura

Ayer se agolparon en mi mente todos los recuerdos de mi adolescencia y juventud. La magia de la memoria me trajo, de golpe y porrazo, todos los momentos vividos en la casa de mis padres, en las calles de mi ciudad, en los campos de alrededor, en los bares, en las aulas del colegio e instituto, en los grupos de amigas....Todas esas vivencias y recuerdos tienen una música de fondo que desde ayer por la mañana no ha parado de sonar.

El día que escuché por primera vez esa cinta de casette que una vieja amiga me grabó con las canciones de «un grupo muy bestia» me quedé perpleja. La tuve que poner con el volumen al mínimo, no fuera a ser que mis padres o alguien escucharan esa sarta de burradas sobre Jesucristo, los canutos, los amigos en la cárcel o ponerse Deltoya.

No podía parar de escucharla. Era brutal. Esa música me parecía brutal porque Pasaba todos mis filtros, que no eran pocos. Era una sinfonía perfecta, poesía para mis oídos. Aún siendo casi una niña podía distinguir unos buenos acordes, que me hacían vibrar junto a unas letras que me provocaban inquietud y rebeldía al mismo tiempo. Sin olvidar esa voz bronca como de estar de vuelta de todo.

A los pocos meses me acerqué con mi amiga, la de las cintas de casette, a la plaza de toros de Plasencia. Estaban tocando allí y, como no teníamos un duro, cogimos un somier que había entre los contenedores y, arrimándolo a la pared, saltamos a la plaza.

El concierto fue memorable. Descubrí aquellas primeras canciones en vivo que yo ya me sabía de memoria y, de algún modo, Extremoduro, Robe y su música se convirtieron en el himno de mi propia historia. Desde entonces hasta ahora, no he dejado de sentir ese orgullo de pertenecer a una ciudad y a una época en la que siempre me he sentido libre, libre, como dice su famosa canción. La música de Extremoduro sembró en mí, una chiquilla placentina, enseñanzas como que amar ensancha el alma o que yo también puedo ser un pájaro negro de pico naranja. Robe me enseñó, en definitiva, a hacer lo que me diera la gana.

Hoy solo puedo sentirme afortunada por haber tenido un ídolo tan cerca y por haber podido compartir esta pasión con tanta gente, de Plasencia y del mundo entero. Porque allá donde fuera, Extremoduro y Robe me han acompañado siempre como la banda sonora de mi vida y de mi tierra.

Mis condolencias, Robe. Como cantaste una vez: morir sólo una vez, va a ser fácil para tí, pero no será fácil para muchos despedirte.

Yo, por mi parte, cómo dijiste en otra canción: voy a recorrer de punta a punta la cuidad, quemando una y otra vez los recuerdos que me hicieron feliz aquí, en Plasencia, con tu eterna música de fondo.

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