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Opinión | La fórmula compartida

Robe y la coherencia

Robe Iniesta nos enseñó a mirarnos hacia dentro sin miedo, a reconocernos vulnerables, pero dignos, contradictorios, pero en pie

Robe Iniesta.

Robe Iniesta. / EL PERIÓDICO

Me gustaría saber qué pensaría Robe, con ese peculiar modo de defender la coherencia, si pudiera comprobar las infinitas muestras de admiración y cariño que se han sucedido desde que tristemente conocimos la noticia de su muerte. Supongo que tardaría muy poco en ironizar sobre la estrecha relación entre lo que se piensa, se dice y lo que se hace...

He leído mucho sobre él en las 48 horas que han pasado desde que nos dejara y me quedo con un titular que me ha parecido de una contundencia aplastante: “Adiós al gran filósofo musical de una época que atropelló a Nietzsche a lomos de Extremoduro”.

Y es que Robe fue, ante todo, un pensador incómodo y luminoso, capaz de transformar la crudeza de lo marginal en una poética propia que acabó concitando la admiración de generaciones muy distintas. Con él, lo cotidiano se abría en canal para mostrar, con sus letras, la verdad más simple y más difícil; la de quienes miran el mundo desde los márgenes.

Mirarnos hacia dentro

Robe Iniesta nos enseñó a mirarnos hacia dentro sin miedo, a reconocernos vulnerables pero dignos, contradictorios pero en pie. Nos enseñó que la libertad no es un eslogan, sino un pulso que se defiende cada día y que, a veces, para pensar más hondo, hay que decir las cosas con crudeza. En cada verso suyo había una forma de resistencia emocional; en cada tema, una invitación a romper el silencio. Ese legado, por el que recibió con justicia la Medalla de Extremadura, nos interpela hoy de manera especialmente intensa.

Y aprovechando ese legado reivindico una batalla que, como mujer y como socialista, no puedo ni quiero apartar de la conversación pública; las denuncias de víctimas que han señalado comportamientos de acoso intolerables por parte de cargos políticos. La indignación es profunda. La tristeza, también. Pero la determinación es absoluta. No vamos a permitir que esto suceda ni ahora ni nunca. Tolerancia cero.

Tolerancia cero

Tolerancia cero con quien abuse de su poder, con quien vulnere la libertad ajena, con quien pretenda convertir el silencio en complicidad.

Tolerancia cero, también, con la cultura machista que, durante demasiado tiempo, ha normalizado que los hombres nos susurraran al oído lo que no tenían derecho a decir ni a insinuar. Tolerancia cero con quienes nos prefieren calladas y con quienes se abrazan a postulados retrógrados que solo buscan silenciarnos.

La política, al igual que la música de Robe, debe servir para iluminar lo que nos duele, no para ocultarlo. Solo se avanza cuando se coloca a las víctimas en el centro, del mismo modo que Robe colocaba a los marginados en sus canciones. La ética, como la poesía, no admite atajos.

Hoy, cuando Extremadura y el país entero, lloran a uno de sus hijos más lúcidos, vuelvo al comienzo y me pregunto qué pensaría Robe. Quizá, con su ironía habitual, nos recordaría que la coherencia es la forma más radical de rebeldía. Y quizá, por eso mismo, no debemos permitir que nadie vuelva a susurrar donde solo debe haber respeto, verdad y justicia.

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