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Opinión | Espectráculos

Extremaydura

Robe Iniesta durante un concierto

Robe Iniesta durante un concierto / El Periódico Extremadura

Llevo unos cuantos días canturreando a ratos, casi sin darme cuenta, extractos de la canción Jesucristo García, de Extremoduro («soy Evaristo, el rey de la baraja / vivo entre rejas, antes era chapista», «¿cuánto maaás, necesito para ser Dios, Dios, Dios?»). La muerte de Robe Iniesta, a los 63 años, irrumpió esta semana como un estrépito inesperado en medio de unos días en lo que lo esperable era que todo lo capitalizaran las declaraciones, promesas y acusaciones de los candidatos a la presidencia de la Junta de Extremadura.

Recuerdos de la adolescencia y de escuchar sus canciones, sobre todo de ese disco memorable, Somos unos animales, que yo tenía en una cassette, que creo que me había grabado mi amigo Use. Él, Manolo, Agustín y yo éramos el grupo de amigos a los que nos gustaba el rock y renegábamos de los 40 Principales y sus ñoñerías comerciales. Los recuerdo a ellos, ahora uno en Badalona, otro en Münster (Alemania), otro entre Navarra y Logroño. Todos se fueron de esta región; yo también, aunque volví. También Robe Iniesta se fue pero volvió, y vivió entre Extremadura y el País Vasco. Al fin y al cabo Extremadura, que por tamaño podría ser un país (es tan grande como Holanda, p.ej.) es como una España en miniatura, y Plasencia, en los noventa, era como nuestro Bilbao.

Me decía hace unas semanas un amigo de ahora, Marco, que Mayéutica, disco en solitario de Robe, es una maravilla, pero yo sigo prefiriendo esos discos iniciales, de los años ochenta y noventa. Hasta qué punto somos esclavos de nuestra juventud, y a la vez libres gracias a ella, o de su recuerdo. Escuchar a Extremoduro nos inyecta rebeldía frente al borreguismo (seguir a un pastor, junto a otros de la misma lana) que prima cada vez más en esta sociedad, no solo en nuestra región, aunque aquí impera.

En su canción ‘Extremaydura’, aparece ese estribillo que nos hacía gracia de jóvenes, «cagó Dios, en Cáceres y Badajoz», que metía el dedo en el ojo, pero para reaccionar. A muchos nos decepcionó cuando Robe aceptó recibir, de manos de Monago, la medalla de Extremadura. Pero era parte de su manera de ser, que consistía en decir y hacer lo que le daba la gana.

Me contó otro amigo, que estuvo en Perú, que en un bar de Lima pusieron ‘Jesucristo García’ y, extrañado, preguntó a un peruano si eran Extremoduro. «Sí, son muy buenos, ¿los conoces?», le contestó el otro.

Víctor Martín Gijón es escritor.

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