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Opinión | El Chinero

Directora de La Crónica de Badajoz

Requetegrán desfile

Por el bien del Carnaval hay que tomar decisiones que no pueden contentar a todos

Imagen del desfile del Domingo de Carnaval.

Imagen del desfile del Domingo de Carnaval. / Andrés Rodríguez

Solo quien haya desfilado en Badajoz el Domingo de Carnaval desde el puente de la Universidad, por Santa Marina, Enrique Segura Otaño y la avenida de Europa apurando hasta la plaza de Minayo, conoce la emoción que supone para los integrantes de comparsas, grupos de animación y artefactos formar parte de esta gran pasarela carnavalera, que crece año tras año en número de integrantes y que desde hace unos cuantos es inabarcable.

Lo es. Porque a pesar de su preciosismo y vistosidad crecientes e inigualables y por muy aficionado que sea el público que aguarda paciente y entusiasmado horas y horas para ver pasar a todos los grupos, el desfile dura tanto tiempo que es casi imposible que nadie pueda aguantar para disfrutarlo de principio a fin y deleitarse con todos sus detalles, que se superan en cada edición. El último, el de este año, duró más de diez horas. 11.000 integrantes de las distintas agrupaciones realizaron el recorrido. Cuando llegó el turno a los artefactos, que salen en última posición, era noche cerrada. Con el problema añadido de la lluvia, que arreció en muchos momentos.

El desfile no deja de crecer. No hay más que ver su progresión: 46 comparsas en 2022; 50 en 2023; 54 en 2024, 55 en 2025 y en 2026 serán aún más: 58. Muchas y muy numerosas, hasta 400 integrantes. Sin contar con los grupos de animación y los artefactos.

Soluciones se han planeado muchas. Ninguna a gusto de todos. La que más se repite cada año es la de dividir el desfile, de manera que los grupos de animación y artefactos tengan otro que se adelante al sábado. No quieren. Normal. Prefieren estar donde el Carnaval de Badajoz respira, no en un apartado. Hay quien propone que grupos menores y artefactos accedan al recorrido intercalados entre las comparsas. Esta solución no acortaría la duración.

Hay incluso quien plantea realizar una selección previa. ¿Quién querría ser tribunal de semejante masacre? Cuando además las comparsas han demostrado de sobra que por muy noveles que se presenten no solo dan la talla, sino que la sobrepasan. Hay quien piensa que los grupos de animación, sin quitarles mérito -que lo tienen y mucho- no están al nivel de las comparsas, aunque de todo hay, pero es cierto que no son comparables, por definición, ni en coreografía ni en música ni en los trajes. También los artefactos son otra manera de vivir el Carnaval y merecen un formato en el que hacer gala de su vistosidad. Pero a ver quién es el guapo que señala a los que no llegan al mínimo para desfilar. Tampoco estaría tan claro, porque es cierto que todos cumplen en esfuerzo e imaginación y, además, los artefactos son el formato más singular que distingue al Carnaval pacense. Quizá la solución pase por adelantar la hora de salida. Ya se hizo en tiempos, cuando hubo que decidir que empezase a las 12.00 del mediodía. Aunque habría que tener en cuenta que hay grupos que vienen de poblaciones muy alejadas (Miajadas, entre otras).

La organización del Gran Desfile del Carnaval de Badajoz tiene que ser repensada. Pero no en los medios de comunicación (que también), ni con dimes y diretes de declaraciones entrecruzadas entre unos y otros, cada uno con su manera de verlo sin opción de dar su brazo a torcer.

Cada año, cuando llega este momento, se plantea el mismo dilema y ya es hora de que antes de que vuelva a ocurrir, inmediatamente después de que termine el Carnaval, todos los que tengan algo que decir se sienten a analizar la situación para encontrar una solución razonable que evite que la fiesta que más nos define, declarada de Interés Turístico Internacional, explote. No va a ocurrir, por tradición y por vocación de quienes la sacan adelante, pero hay que sacarle todo el partido posible. Porque el Carnaval de Badajoz merece que quienes tienen autoridad y el deber de gestionar sean valientes y tomen decisiones, que nunca pueden contentar a todos. Por el bien del Carnaval.

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