Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | NUEVA SOCIEDAD, NUEVA POLÍTICA

El político de 2025: Gabriel Rufián Romero

Separado del independentismo, el catalán maniobra para ganar influencia en la izquierda

Gabriel Rufián en el Congreso

Gabriel Rufián en el Congreso / Ep

Es importante recordar que en esta selección de los políticos más destacados de cada año no elijo preferencias electorales; de hecho, me cortaría las manos antes de votar a Gabriel Rufián o de recomendarle a alguien que lo hiciera. Pero, siendo objetivos, el político catalán ha sido la personalidad más relevante del año desde la perspectiva que aquí se pretende destacar: la audacia política, asociada a la capacidad de conectar con las demandas sociales.

Que uno de los más importantes líderes independentistas catalanes haya abandonado, de facto, aunque sea temporalmente, las reivindicaciones soberanistas, es ya un elemento muy destacable. De hecho, durante este año, una de las principales líneas de ataque político de Rufián ha sido Junts, antiguo compañero de viaje en la fantasía separatista.

Rufián se ha ido erigiendo durante 2025 en un referente, solo a causa del vacío dejado por un Sánchez abrasado por la mentira y la corrupción, y de una Yolanda Díaz disuelta en la nada más absoluta de un discurso vacío, inoperante y cómplice de Sánchez

Por convicción o por estrategia política (quizá una mezcla de ambas), Rufián ha decidido regresar al lugar al que no han vuelto todavía las ex izquierdas españolas (PSOE, Sumar, Podemos), que es convertir la lucha por los derechos de la clase trabajadora en columna vertebral de su discurso y de su acción política.

Desgastar a Junts es una doble estrategia en un doble frente. Por un lado, en Cataluña les abandona a su suerte en la causa independentista, obligándoles a disputar el espacio con Alianza Catalana, probablemente la fuerza más a la derecha de toda España. Por otro lado, en el Congreso subraya la soledad del Gobierno de Sánchez, apuntando a que la izquierda se encuentra en un lugar lejano al PSOE. En ambos lugares, Madrid y Cataluña, existe, por tanto, un propósito estratégico (posicionar a ERC en un espacio nuevo, muy distinto al que ocupaba) y otro de profundidad ideológica (estableciendo la incompatibilidad coyuntural entre defender ideas de izquierdas y acomodarse en el separatismo).

Durante los últimos meses se han multiplicado los rumores, alentados por el protagonista, de que Rufián estaría maniobrando para componer algo parecido a un nuevo Frente Popular, ante el evidente hundimiento de las expectativas electorales de las exizquierdas. Una mala idea, por múltiples razones que no cabrían aquí, pero que consolida el hecho de que Rufián se ha ido erigiendo durante 2025 en un referente, solo a causa del vacío dejado por un Sánchez abrasado por la mentira y la corrupción, y de una Yolanda Díaz disuelta en la nada más absoluta de un discurso vacío, inoperante y cómplice de Sánchez.

Es muy difícil, por no decir, imposible, que Rufián se limpie la mácula independentista, pero no es menos cierto que se ha ganado dos reconocimientos: el de ser uno de los mejores parlamentarios en el Congreso, con un lenguaje claro, sencillo y contundente, y el de ser el único político actual de primera línea que habla sin complejos de clases sociales, de conciencia obrera y de derechos de los trabajadores. Que tenga que ser alguien que quería romper España lo dice todo de las ex izquierdas nacionales.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents