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Opinión | Es decir

Menos pucheros

El interés por el robo de votos desplazó el del debate

María Guardiola al término de la jornada electoral

María Guardiola al término de la jornada electoral / JAVIER CINTAS/EUROPA PRESS

María Guardiola, que ha perdido en Fuente de Cantos veinticuatro votos más que los que robaron, siempre tendrá una deuda con los votos robados. De agradecimiento, por supuesto. Y no la tiene con quienes los robaron porque en realidad no los robaron, sino que se los llevaron consigo –con el dinero, más bien, distraídamente– como se habrían llevado cualquier otra cosa que se considere digna de estar guardada en una caja fuerte (quienes roban no tienen que ser –porque roben– condicionadamente idiotas).

Es lo que dijo Tarradellas sobre lo que se puede hacer en política: todo menos el ridículo. En versión castiza, todo menos pucheros

Los votos robados le sirvieron para distraer la atención sobre lo que ocurriría por la noche: el debate electoral con los candidatos, del que ella había decidido «ausentar su presencia», por decirlo como la fashionaria Yolanda Díaz (esto de fashionaria atribuido a la vicepresidenta Díaz es original del periodista Santiago Muñoz, y un acierto). Naturalmente, el interés por el robo de votos desplazó el del debate, que si interesaba era por si Guardiola iría o no: ¿un gesto de suficiencia o una huida? Para desviar la atención sobre el debate, es decir, para desviar el interés por su ausencia, Guardiola, en el vídeo que grabó para la denuncia electoralista (no es peyorativo, ahí está la definición: «Que tiene claros fines de propaganda electoral»), decía algo sorprendente: «Nos están silenciando». En el debate no solo no la hubieran silenciado sino que podría haber dicho exactamente eso: «Nos están silenciando». ¿Por qué no lo hizo? Y lo mismo cabe decir de la negativa a los medios que han intentado entrevistarla.

Es lo que dijo Tarradellas sobre lo que se puede hacer en política: todo menos el ridículo. En versión castiza, todo menos pucheros. Guardiola comprendió durante la campaña que la mayoría no sería absoluta y, lo que es peor, que todo seguiría igual, de manera que se enfurruñó como quienes se enfurruñan y gritó que no saldría de su habitación (no iría al debate). Hasta que el jueves, día 18, por el robo de 14.000 euros y 124 votos en una oficina de correos, surgió la idea del pucherazo. «Nos están robando la democracia», decía en el vídeo: patéticamente, por cierto, porque si la añagaza para el robo de la democracia es robar 14.000 euros… Pero sobre todo porque «si no hay nombres no hay castigo» (Anthony Burgess) y el sujeto indeterminado de Guardiola no ayuda mucho, la verdad: «Están dinamitando los cimientos de nuestra libertad, nos están silenciando». Todo menos el ridículo. «Quieren elegir por nosotros, nos están robando nuestro futuro». Todo menos pucheros.

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