Opinión | Encerado y clarión
Cuando ganar no basta
El 21D deja un mapa curioso, menos votos, muchas siglas, muchas celebraciones, excepto una, y ninguna mayoría clara para gobernar

Urnas el pasado 21D en Extremadura. / EFE
En política, como en la vida, no siempre vence quien cruza primero la meta. A veces gana más el que se queda atrás, el que no parece decisivo, el que no levanta la copa, pero sabe tendrá que sostener la mesa.
El 21D deja un mapa curioso, menos votos, muchas siglas, muchas celebraciones, excepto una, y ninguna mayoría clara para gobernar. El Partido Popular ganó, sí. Ganó con holgura, incluso con distancia poética respecto al segundo. Pero no ganó lo suficiente. Y en política, como en los exámenes de recuperación, el “casi” no cuenta. Faltaron cuatro escaños, que no son muchos cuando se miran desde el estrado, pero pesan toneladas cuando llega la hora de gobernar.
Faltaron cuatro escaños, que no son muchos cuando se miran desde el estrado, pero pesan toneladas cuando llega la hora de gobernar
Vox, con once escaños, no ganó las elecciones, pero ganó el derecho a decidir cómo se juega la segunda parte. En esta Extremadura postelectoral, las llaves no las guardan los que más votos sumaron, sino los que menos necesitaban para ser imprescindibles.Unidas por Extremadura, con siete, sigue estando donde estaba, y siendo lo que era, excepto para el PSOE de Gallardo, que empieza a mirarlo con reojo.
Guardiola celebra con razón su victoria, pero la victoria sin mayoría es un brindis a medias. Y sumar, cuando no se tienen los números, obliga a negociar, a ceder, a tragar saliva y, sobre todo, a explicar por qué y en qué se negocia. La hemeroteca, siempre puntual, ya afila el cuchillo.
En el otro lado, el PSOE paga el precio de la desafección, del candidato elegido, de la actualidad política, regional y nacional, y del cansancio de sus votantes. Dieciocho escaños no son solo un mal resultado, son un mensaje. Y los mensajes, cuando no se escuchan, se repiten con más dureza la siguiente vez.
La participación, baja y desganada, completa el cuadro. No es abstención ideológica, en general, es cansancio cívico. La gente no se rebela, bosteza. Y ese bostezo es más peligroso que cualquier pancarta, porque anuncia desconexión. Cuando la política se convierte en un espectáculo previsible, el público deja de aplaudiry se va a casa antes del final.
Extremadura ha elegido un problema complejo
Extremadura no ha decidido un gobierno en mayoría, ha elegido un problema complejo. Y ahora toca demostrar si la política sirve para algo más que contar votos. Los que ganaron necesitan a los que no ganaron tanto. Y los que no ganaron tanto saben que, esta vez, su derrota cotiza al alza.
Lo contrario ya lo conocemos. Se llama bloqueo, cansancio y silencio ciudadano. Y Extremadura, aunque paciente, empieza a estar harta de esperar mientras otros negocian quién se sienta dónde. Aquí no se trata de quién ganó más, sino de quién será capaz de ponerse de acuerdo sin olvidar para qué fue elegido unos y en qué lugar fueron elegidos otros.
Porque al final, cuando se apagan los focos y se cierran los despachos, gobernar no va de sumar escaños, sino de no seguir restando confianza. Y esa, hoy por hoy, es la mayoría más difícil de alcanzar, para todos.
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