Opinión | La curiosa impertinente
La Navidad y el discurso

Felipe VI en su discurso de Nochebuena
Nunca veo el discurso del Rey en Nochebuena. Ni los del emérito cuando era bien visto en todos lados, ni en su decadencia, ni los de Felipe. Y como soy monárquica, no es que no quiera escuchar sus interesantes palabras, sino que nunca jamás he tenido tiempo. En la añorada casa de mis padres, había siempre un jaleo de mil demonios. Mi madre se pasaba la tarde rellenando el pavo, a veces todavía no estaba puesto del todo el nacimiento, faltaba el niño o se había acabado el musgo y teníamos a última hora demasiadas cosas pendientes. Íbamos con prisa, venían mis tíos, cantábamos villancicos y después nos tocaba Misa del Gallo donde lo que más molaba era el Adestefideles. No había tiempo para la televisión.
Mucho menos ya casada, en la casa de mis suegros en Hermosilla, todos de punta en blanco, con los amigos invisibles interminables, las familias nuevas con cada año más criaturas, el cava, el pavo trufado, las risas, las bromas sin fin. Hoy seguimos juntándonos todos los que podemos, ya no es Barcelona ni Madrid, sino Trujillo, donde continúa la tradición. Ensalada de arenques y el pavo trufado de abu, como dicen mis hijos, que ahora hacen sus hijas. Todo repleto de niños, a los que el pequeño Jesús les trae un presente pues por economía y logística se acabaron aquellos amigos invisibles eternos, sustituidos ahora por el amigo robado, que el caso es juntarnos, recordar a quienes se han ido y tener muy clarito que seguimos siendo una familia cristiana.
Por eso no hay tiempo para escuchar las sensatas palabras del rey. No importa. Al día siguiente nos explican que ha hablado contra la polarización, la desinformación y la desafección. Los partidos constitucionalistas le apoyan y los de siempre, cada vez más amargados, le atacan, como siempre. Nosotros a lo nuestro, recordando que no son estos unos días de fiesta porque sí, en los que aprovechamos para comer todo lo insano y reunirnos con quienes apenas vemos ya. Son los días que son porque celebramos el nacimiento de Dios en la tierra. Ese niño pequeño que obró obras tan grandes.
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