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Opinión | Es decir

Su utilidad

Hubo que esperar a que los socialistas se negaran a votar para echar a Gallardo

Miguel Ángel Galllardo el día de su dimisión.

Miguel Ángel Galllardo el día de su dimisión. / Javier Cintas

Aunque el exsecretario general socialista de Extremadura comprenda su destitución (lo de la dimisión es siempre una cortesía que a veces resulta creíble, pero no es su caso), es probable que se pregunte hasta cuándo será útil para el partido. No a nivel autonómico, que hasta ahí sí le alcanza la vista para ver el resultado (déjese en «resultado», si comprende la destitución), sino nacional. Hasta cuándo, para que todavía sea líder de los socialistas en la Asamblea, además de líder de la oposición, cuando cualquiera podría haberle sustituido de la misma manera que ha sido destituido.

Ni en Ferraz ni en el Gobierno consideran que la derrota del partido en Extremadura haya sido un problema de su secretario general

Tanto para Ferraz como para el Gobierno, el llamado «caso Koldo» es un problema de José Luis Ábalos y Santos Cerdán y, del mismo modo, las denuncias de acoso sexual de militantes y afiliadas socialistas son un problema de Francisco Salazar. Lo cual significa que el secretario general del partido y presidente del Gobierno no quiere saber nada, ni volver a oír sus nombres. Sin embargo, ni en Ferraz ni en el Gobierno consideran que la derrota del partido en Extremadura haya sido un problema de su secretario general, o solo en la medida en que ha tenido que dejar de ser secretario general, «a veces es necesario y forzoso que un hombre», Espriú. Para María Jesús Montero, de «los malos resultados» ha sido culpable la abstención. Y de la abstención, la imputación. Textual: «Se explican bien por la situación concreta que se vivía en Extremadura a raíz de la imputación». Si la situación era concreta, la imputación era abstracta, general. Pero, más que Extremadura, corríjase, la vivían los socialistas de.

¿Acaso no bastaba con los militantes, afiliados y votantes, el malestar que les producía el secretario general, el desdén hacia él, no solo como secretario, sino como individuo, su arribismo, su codicia, su hubris? ¿Acaso no bastaba, para juzgarle así, el insulto a los extremeños al justificar su huida a la Asamblea diciendo que lo hacía para mostrar su interés por ellos? («Es la mejor forma de expresar a los extremeños mi interés por ellos», dijo, demostrando así que comparte las dudas acerca de su inteligencia.) En serio, ¿acaso no bastaba con los militantes orgánicos? ¿Ha habido que esperar a que los socialistas se nieguen a votar para poder echar al secretario general de Extremadura?

Por lo demás, si se pregunta hasta cuándo será útil para el partido es porque aún no sabe lo que debería saber: qué cabeza irá a la guillotina y cuál caerá en la cesta. Pero habrá que esperar.

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