Opinión | Tribuna
El Suroeste ibérico reclama su papel en Europa
La cooperación ibérica es una de las grandes claves. España y Portugal comparten intereses, retos y oportunidades en esta franja del territorio

Obras de alta velocidad en Extremadura
Durante demasiado tiempo, el Suroeste Ibérico ha sido contemplado desde una lógica periférica, como si su posición geográfica fuera una desventaja y no una oportunidad. Sin embargo, el contexto económico europeo, los cambios en las cadenas logísticas y la necesidad de reequilibrar el crecimiento territorial obligan a revisar esa mirada. Hoy, este espacio compartido entre España y Portugal está llamado a desempeñar un papel central en el desarrollo económico del continente.
No se trata de una reivindicación sentimental ni de un ejercicio de localismo, sino de una cuestión estrictamente económica. El eje suroccidental de la Península concentra activos estratégicos de primer orden: una posición natural como puerta atlántica de Europa, una red portuaria con enorme capacidad de crecimiento, suelo disponible para proyectos industriales y energéticos, y un potencial logístico todavía infrautilizado.
La cooperación ibérica es una de las grandes claves. España y Portugal comparten intereses, retos y oportunidades en esta franja del territorio. La conexión eficiente entre los grandes puertos portugueses del Atlántico y el interior peninsular no es solo un asunto nacional, sino europeo. Fortalecer ese corredor significa diversificar rutas comerciales, reducir dependencias y ganar margen de maniobra ante un escenario global incierto. En este punto, las principales capitales implicadas en este eje -desde Lisboa hasta Madrid, pasando por Badajoz- coinciden en una misma demanda: disponer de una red ferroviaria moderna, rápida y competitiva que permita integrar de forma efectiva a Portugal en los grandes flujos económicos europeos. Sin ese salto cualitativo en conectividad, cualquier estrategia de desarrollo queda incompleta.
Pero ningún planteamiento estratégico es viable sin infraestructuras acordes a su ambición. La economía moderna se mueve a la velocidad de las conexiones, y aquí el retraso es evidente. La falta de enlaces ferroviarios eficientes limita la atracción de inversiones, encarece los costes logísticos y frena la movilidad del talento. Sin conexiones eficaces con los grandes nodos económicos, el potencial se queda en promesa.
Ciudades como Badajoz, al estar situada en un punto clave de la frontera, simboliza este reto, pudiendo convertirse en un auténtico nodo de articulación entre ambos países si se le dota de los medios necesarios. La colaboración entre grandes áreas urbanas del suroeste es una palanca poderosa para construir un espacio económico integrado y dinámico.
El debate ya no es si este territorio merece su oportunidad, sino cuánto más va a costar seguir aplazándola. Cada año de retraso en infraestructuras, cada proyecto que se desplaza a otro eje europeo mejor conectado, tiene un impacto real en empleo, renta y cohesión territorial. La despoblación, el envejecimiento y la falta de oportunidades se combaten con decisiones.
Ha llegado el momento de abandonar la lógica de la espera. El Suroeste Ibérico no pide privilegios, sino herramientas para competir en igualdad de condiciones. Invertir aquí es invertir en una Europa más equilibrada, más conectada y eficiente. La economía no entiende de promesas futuras, solo de realidades presentes, y la ventana de oportunidad está abierta, pero no lo estará indefinidamente.
Toño García es gestor de activos y divulgador financiero
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