Opinión | EEUU ataca Venezuela
La detención de Nicolás Maduro
Vamos hacia un mundo donde se impone la voluntad de los poderosos y el Derecho Internacional se queda para las relaciones entre potencias medianas y pequeñas

Efectivos el Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana patrullan las calles tras varias detonaciones y explosiones en la madrugada de este sábado en Caracas. / EFE/ RONALD
Escribo estas líneas apresuradas sin conocer todavía los detalles de la detención del presidente de Venezuela en una operación llevada a cabo por comandos norteamericanos. En estos momentos cabe distinguir en lo ocurrido tres niveles diferentes que merecen nuestra atención.
El primero es el de la operación en sí, la detención ilegal del presidente de un país violando su soberanía e integridad territorial. La operación muestra una vez más el desprecio de Trump por el Derecho Internacional. Un país no puede erigirse en árbitro del mundo porque esa es una tarea que corresponde a la comunidad internacional reunida en las Naciones Unidas y representada por su Consejo de Seguridad, donde EEUU tiene asiento permanente y derecho de veto. De acuerdo con la Carta de la Organización el uso de la fuerza en las relaciones internacionales solo lo puede autorizar el Consejo de Seguridad con la única excepción del artículo 51 para casos de legítima defensa, que no es el caso. Lo hecho por Washington viola el Derecho Internacional y sienta un peligroso precedente si otros países poderosos deciden también tomarse la justicia por su mano. Trump revive la Doctrina Monroe y se arroga el derecho de actuar como desea en su “patio trasero”, legitimando así de paso lo que Putin y Xi hagan en los que consideran los suyos. Mala noticia para los Bálticos y para Europa.
La segunda variable del problema tiene que ver con la situación interna de Venezuela, cuyo presidente Nicolás Maduro ocupa ilegalmente el sillón presidencial, después de haber dado un pucherazo electoral hace año y medio para no entregar la presidencia a Edmundo González, que presentó ante el mundo la documentación que certificaba su victoria. El régimen de Maduro no solo se mantenía ilegalmente en el poder sino que, además, perseguía a la oposición legítima encarnada por Maria Corina Machado, que acaba de recibir el premio Nobel de La Paz y que llevaba un año en la clandestinidad para evitar la cárcel. Veremos quién ocupa ahora el palacio de Miraflores. El Socialismo Bolivariano reprime con mano de hierro toda discrepancia y además ha sumido al país en un desastre económico sin parangón con cifras de inflación que alcanzan el 500%, exprimiendo hasta el límite a PEDEVESA, la empresa productora y comercializadora de petróleo que ha reducido su producción de tres millones y medio de barriles/día a tan sólo un millón. El petróleo es la única fuente de divisas del país y Maduro ha utilizado ese dinero para cubrir su mala gestión de la economía nacional. Como consecuencia hasta seis millones de venezolanos han tenido que huir a países vecinos como Brasil, Colombia o Ecuador simplemente para poder comer mientras en Venezuela faltan los productos y medicinas más esenciales. Realmente no comprendo la fascinación que esté régimen corrupto, ineficaz y represivo ejerce sobre buena parte de nuestro espectro político de izquierdas. Me resulta incomprensible.
El tercer nivel es el de la repercusión de que lo ocurrido tenga en nuestra politica doméstica. Los intereses de España en Venezuela son muy grandes y el gobierno de Pedro Sánchez nunca ha ocultado su simpatía por el régimen venezolano, hasta el punto de no felicitar a Maria Corina Machado cuando recibió el Premio Nobel de La Paz, y proteger las nunca bien explicadas andanzas por Caracas del ex presidente José Luís Rodríguez Zapatero, o el aterrizaje en Barajas de la vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez y sus maletas cuando tenía prohibida la entrada en el territorio de la Unión Europea. Por no hablar de los viajes del tal Koldo a ver a Delcy. Son datos que muestran a las claras por lo menos simpatía y una cierta complicidad con el Socialismo Bolivariano. Supongo que ahora el gobierno condenará la violación del Derecho Internacional y el grave precedente que supone y pasará de puntillas sobre la falta de legitimidad de Nicolás Maduro para mantenerse en la presidencia de Venezuela. Supongo que la UE, dividida, adoptará una postura ambigua que evite irritar a Washington.
Lo del Cártel de los Soles, definido como organización terrorista (?) por el gobierno de Washington es algo cuya misma existencia y participación de Maduro en sus filas prefiero dejar en manos de la Justicia.
Lo que sí que tengo claro es que vamos hacia un mundo donde se impone la voluntad de los poderosos y el Derecho Internacional se queda para las relaciones entre potencias medianas y pequeñas. Y eso es malo para nosotros.
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