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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

Viva la democracia, carajo

EEUU, o la tradición capitalista de la imposición por la violencia

Trump.

Trump.

En el resumen de 2025 y la guía política de 2026, que redacté para este espacio en sus ediciones de los días 26 y 30 de diciembre, tanto Trump como Venezuela fueron protagonistas. No era difícil saber que quedaba poco para algo parecido a lo que ocurrió en la madrugada del pasado sábado 3 de enero.

Apenas veinticuatro horas después del ataque ilegal de Trump en Caracas, el ex embajador de José María Aznar en EEUU entre 2000 y 2004, Javier Rupérez (¡no sospechoso de ser un malvado comunista!), afirmó queese país solo quiere hacerse con el poder económico del petróleo venezolano y que no tiene ningún interés por el bienestar del pueblo ni por el tipo de régimen que les gobierne. Con el brutal riesgo de Europa en dejar hacer.

Para entenderlo, solo habría que haber escuchado comprensivamente la rueda de prensa de Donald Trump horas antes: no mencionó la democracia ni una vez, pero habló en varias ocasiones de la necesidad de tener el control del país y de gestionar sus recursos naturales, incluido el petróleo. Además, ninguneó a María Corina Machado, referencia de la oposición venezolana, estableciendo como interlocutora a la vicepresidenta de Maduro y líder de su núcleo fuerte, Delcy Rodríguez.

Cuando se publique este artículo, lo más probable es que el chavismo siga en marcha, se aplique la constitución y Rodríguez sea la nueva presidenta del país. Si le garantiza el expolio de la riqueza de Venezuela, a Trump le servirá, el chavismo o el antichavismo, eso da igual. En este liberalismo no hay valores, solo capital.

Es necesario recordar que, según la magnífica investigación del historiador Paul Prestonen «El holocausto español. Odio y exterminio en la guerra civil y después» (2011), el golpe de Estado de Francisco Franco en España provocó 300.000 muertos en el frente y 200.000 lejos de él; ya terminada la guerra, en torno a 20.000 republicanos fueron ejecutados, sin contar los que murieron de hambre, enfermedad y torturas en las cárceles franquistas, ni los más de 500.000 que tuvieron que exiliarse (de los cuales, muchos murieron en los campos de concentración nazis). Franco gobernó tranquilo desde 1939 hasta 1975, sin que EEUU moviera un dedo, excepto para ayudarle, a pesar de que tenía en su hoja de servicios mucho más sufrimiento que el régimen de Maduro; no en vano, el franquismo fue una de las dictaduras más sanguinarias de la historia del ser humano.

No sería necesario escribir mucho más.

Los EEUU de Trump representan el salvajismo ultraliberal del capitalismo financiero ultramontano, el que es capaz de colaborar con el genocidio de Gaza para proyectar allí una ciudad de vacaciones. Trump, hace justo hoy cinco años, intentó un golpe de Estado.

El liberalismo, es decir, el dinero, gobierna pacíficamente mientras puede, pero cuando no puede hacerlo por las buenas, toma las armas. Como en España en 1936, como intentó Trump en su país en 2021 y como se ha hecho en la nueva Venezuela bajo protectorado americano. Viva la democracia, carajo.

Enrique Pérez Romero es politólogo y doctor en Comunicación Audiovisual

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