Opinión | Zona Zero
Unos auténticos petardos
El uso de pirotecnia para festejar en entornos urbanos puede tener consecuencias desastrosas, especialmente en nuestros animales domésticos

Es muy importante seguir las instrucciones de los fabricantes en el momento de comprar los petardos. / Alberto Estevez. EFE.
Sería fácil para mí hacer un emotivo texto sobre la jornada de hoy, Día de Reyes, pero no lo haré. Porque la Nochebuena, la noche más apacible del año, en teoría, acabó en silencio total en la casa familiar. Tras los villancicos se apagaba la voz de un canario de mi padre a causa de los petardos que se lanzaron para festejar la jornada. Vaya por delante que no fue en Cáceres, sino en Sevilla, cuyas normas en esta materia serán más laxas que en Extremadura, supongo. El canario había cantado con fuerza toda la tarde y rivalizado en capacidades líricas con su compañero, que se queda ahora solo.
Lo que le sucedió no fue un accidente doméstico o una enfermedad: las detonaciones de los petardos fueron la causa de su defunción. ¿De verdad necesitamos de ese estruendo para celebrar el nacimiento del Amor? Además, cuando bajé a la calle esa mañana había varios gorriones muertos en el jardín, supongo que por la misma causa.
Esta situación ya ha sucedido en otras ocasiones. Aunque no es Valencia, los barrios del extrarradio de Sevilla gustan de usar petardos en Nochebuena y en Nochevieja. También los suelen detonar dentro de cazuelas viejas, naranjas y otros recipientes para aumentar el sonido de la explosión. No se trata solo de la muerte de un pájaro. No puedo banalizarla, pues significaba mucho para una persona mayor. Si un petardo supera los 150 decibelios, puede estar en el detonante de fallos cardíacos, desorientación extrema o muerte por estrés, ya que las aves tienen un sistema nervioso extremadamente sensible.
Me gusta celebrar como el que más, pero eso no implica que deban morir animales indefensos. Las tradiciones no son inamovibles y si descubrimos que tienen consecuencias fatales hay que revisarlas. Solo pido respeto por los demás, por los animales y un poco menos de pólvora para festejar cualquier cosa. Estoy seguro que los autores de la fechoría –unos auténticos petardos- no tenían ninguna intención de provocar un mal, pero lo han hecho, y aunque se trata de un simple canario, era el que alegraba los días de una persona mayor.
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