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Opinión | Textamentos

Eddie Felson ha vuelto

Todos somos Felson, anhelando una carambola a nuestro favor que nos incite a creernos el desafiante personaje de nuestra propia novela

El 'buscavidas'

El 'buscavidas'

En muchos casos la exitosa adaptación cinematográfica de una novela no alimenta el interés generalizado por leerla, e incluso a veces lo anula. Ocurre con El buscavidas, cuyo título nos retrotrae no al texto original, sino a la imagen en blanco y negro de un Paul Newman en el papel de un soberbio y errático trotamundos dispuesto a comerse el mundo —o al menos Estados Unidos— jugando al billar.

La película de Robert Rossen (1961) es una de mis preferidas. La vi siendo niño, cuando me pasaba horas jugando al billar en una sala próxima a mi casa. Pero hasta hace unos días no me entregué a la lectura de la novela, una joyita escrita por Walter Tevis, publicada por primera vez en 1959 y reeditada en febrero de 2025 por la editorial española Impedimenta.

Narrativa norteamericana de la buena, directa, sin filigranas ni disquisiciones estériles, con un pulso que no decae en ningún momento y con un trasfondo filosófico de gran calado. El libro recoge las peripecias de Eddie Felson, un hombre apuesto y enérgico con un solo cometido: ganar. Pero si bien su talento con el taco de billar es innegable, conforme pasan las páginas acabamos descubriendo que su peor enemigo no es el rival de turno, sino él mismo. Felson quiere ser un campeón, pero su arrogancia, su impulsividad y su adicción a la bebida lo convierten en un perdedor, algo que queda patente cuando se mide con el Gordo de Minnesota, ese mítico personaje secundario que Jackie Gleason interpretó magistralmente en el film.

La nueva edición de El Buscavidas, en la traducción de Juan Trejo, es la excusa perfecta para recuperar al Eddie Felson que habita en todos nosotros, un tipo anclado al obsesivo deseo de ganar (o tal vez de perder) en esta sala de billar, recóndita y llena de trampas, que es la vida. Todos somos Felson, anhelando una carambola a nuestro favor que nos incite a creernos el desafiante personaje de nuestra propia novela.

Francisco Rodríguez Criado es profesor

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