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Opinión | La curiosa impertinente

Elogio de la Navidad

A pesar de que ya no están con nosotros aquellos a los que tanto quisimos, la Navidad sigue siendo jubilosa, ruidosa, cariñosa y creciente

Iluminación de Navidad.

Iluminación de Navidad. / CARLOS GIL

A pesar de que ya no están con nosotros aquellos a los que tanto quisimos y queremos, la Navidad sigue siendo en mi casa, en mi familia nuclear y en la otra tan jubilosa, ruidosa, cariñosa y creciente, una época feliz y de ilusión. Primero, porque con voluntad de fe, confiamos en que los que ahora no están nos confortan y, desde el lugar de paz donde habitan, viven con nosotros nuestras alegrías y sinsabores. Y después, porque disfrutamosla compañía serena de los hijos, vueltos gozosamente a casa por Navidad, y el jolgorio y la inocencia que sus pequeños nos proporcionan cada día. Que no nos lo dan gratis los muy chantajistas sino que piden mucho a cambio.

Exigen estos enanos tiranos nuestra atención constante, nuestra calma, paciencia, cariño extremo y vigilante, y nosotros nos exigimos a la vez, pues es nuestro deber con ellos, mimarles al tiempo que con firmeza procuramos mostrarles el camino, les enseñamos lo que está bien y lo que está mal y sin prédicas pero con el ejemplo de un estilo de vida donde ser buena persona, pensar en los demás antes que en uno mismo, decir la verdad por mucho que cueste y ser consecuente con lo que se piensa es la única vía para vivir feliz y en plenitud.

Estas peques de carcajadas contagiosas, actividad que agota a un corredor de la San Silvestre y peso en aumento que deslomaría a un dromedario, con sus gritos:- ¡calle, calle!- o con su súplica: -¿me cuentas una historia?-nos tienen fuera del umbral de la comodidad desde que aparecieron en nuestras vidas para revolucionarlas y son la exigencia y al mismo tiempo la bendición más grata que en estos tiempos inhóspitos podríamos tener.

Este es su presente bellísimo y en estas fechas que- no lo olvidemos entre tanto consumismo y comilonas- celebran precisamente la grandeza de la pequeñez en la persona de un niño que vino al mundo para salvarlo, es importante recordarlo. Porque frente a la maldad, la crueldad y la violencia, no podemos ni queremos renunciar a la esperanza.

Carmen Martínez-Fortún es profesora

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