Opinión | Trazos y travesías
Aimee Anne Duffy
Querido algoritmo: me dan igual Jessica Bueno, los pómulos de la tal Oriana y las patadas a la sensatez de Fran Rivera

Duffy. / EL PERIÓDICO
Sospecho que el algoritmo que me fuera asignado, gracias a esas máquinas registradoras que nos espían, está bastante desubicado hoy por hoy. Créanme, tengo razones de peso para pensarlo.
Alguna vez, como todos, he creído que vigilaban mis conversaciones de viva voz. Si hablaba de la necesidad de un cambio de colchón, ahí estaban las empresas especializadas en el arte del buen dormir recomendándome un excelente género que podía adquirir en línea. Si me invitaban a un evento formal, publicidad de trajes de noche desfilaban ante mis ojos atónitos nada más abrir cualquier red social, con facilidades de devolución y plazos cómodos para costearlo.
Después vinieron los famosos reels de recetas, de ejercicios de meditación y hasta de actividades adaptadas a la nueva normativa educativa para llevar al aula. Una podría pasarse horas deslizando para luego darse cuenta de que no ha retenido absolutamente nada, sólo ha invertido un tiempo valioso en el mercado negro de los que pelean por nuestra atención.
Intenté no dar tantas pistas a los espías reduciendo mi actividad y dejando el teléfono a un lado, pero el tiro me ha salido por la culata. Ya no recibo demasiados vídeos cortos de recetas saludables. Cuando quiero innovar en mi práctica docente hago un Juan Palomo y acudo a crear lo que ya existe en mi cabeza con la ayuda de diversas herramientas digitales. Sin embargo, han aparecido en mi vida virtual personas de dudoso pelaje. Jessica Bueno y sus tormentos amorosos, los retoques estéticos de una tal Oriana, o arengas de Fran Rivera, el torero, dando las gracias a Trump por invadir otro país más y raptar a su mandatario. También le anima a que haga lo mismo en España. Lo que les decía: el tiro por la culata.
Querido algoritmo: me dan igual Jessica Bueno, los pómulos de la tal Oriana y las patadas a la sensatez de Fran Rivera. Yo habría preferido saber, por ejemplo, por qué Duffy no ha sacado un álbum desde su inigualable Rockferry, hace más de diez años, pero de eso no me has contado nada. ¿Acaso no oyes la música que escucho?
He hecho la tarea por mi cuenta. Duffy fue drogada, violada y abusada justo en su momento de mayor fama mundial, según la BBC y un comunicado emitido por ella misma. El trauma que arrastra le ha impedido volver a ser la que era y atreverse a cantar. Ha estado escondida de su agresor por miedo, llegando a cambiar más de cinco veces de domicilio. Las que adoramos su música nos hemos quedado sin una referente femenina potente y una artista carismática a cuya historia y creación artística sí habría merecido la pena dar voz y seguir la pista.
Sheila Albalate es docente de Idiomas y técnica de Igualdad
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