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Opinión | Extremadura desde el foro

Crudo

Trump.

Trump.

Dedicar un solo minuto al análisis de la «toma de Caracas» en clave nacional es, cuando menos, un ejercicio fútil. Sólo desde la confortabilidad de la reunión alrededor del dogma y las gafas de la polarización se puede considerar que en Venezuela existía un verdadero régimen de libertades. Como siempre, se critica lo que, en otras ocasiones, se silencia o soslaya. Nada nuevo u original. No me escondo: la caída de una tiranía siempre debería ser bienvenida desde las sociedades democráticas. Máxime cuando se ha realizado en forma de una operación quirúrgica, dejando incólume a una población civil que no ha sufrido los efectos de esta “extracción”, que sin duda evita deflagraciones de consecuencias imprevisibles.

¿Se debería haber realizado de forma coordinada -aunque fuera a posteriori- y al amparo de las normas del derecho internacional? La respuesta formal es sencilla (y positiva en ambos casos). Pero me temo que la pertinencia de esas preguntas ha mutado. Todas las lecturas críticas con Trump, dentro y fuera de sus fronteras, se resumen en dos: la liberación como una coartada para la defensa de sus intereses y la unilateralidad de la intervención.

Después entran las ruedas de prensa posteriores y ciertas declaraciones que desconciertan a opinión pública, opositores y enemigos. Olvidamos que Trump, antes que empresario, se ha labrado su perfil (el que él mismo usa a conveniencia) como figura mediática. Sabe manejar los tiempos y usa su altavoz en los medios para jugar a una confusión, que más que estrategia, es táctica. Abre frentes para entretener mientras sigue una hoja de ruta que mantiene convenientemente bajo el radar.

No hay duda en que el movimiento busca la defensa de intereses estratégicos norteamericanos. Pero no son (únicamente) el crudo, que en cierto modo opera como perfecta cortina de humo. Estados Unidos es autosuficiente energéticamente y mantiene un programa de importaciones estable, que le permite a su vez fijar el nivel de sus reservas propias. Para este presidente, la mejor defensa es un buen ataque y sirve par mandar un triple mensaje. A una China que se emplea mediante la diplomacia económica, que no le importa actuar.Al resto de gobiernos latinoamericanos, que no duden de la capacidad de su “aliado” principal. Y, finalmente, que el control geográfico de los minerales críticos y recursos hídricos es el nuevo campo de batalla.

El asombro europeo ante la acción demuestra que el viejo continente no entiende el nuevo estatus global.La ruptura de la multilateralidad no ha aparecido en este momento, era ya un hecho consumado. En su convencimiento cuasi funcionarial y una veneración a las normas no comprende que los “animales” con los que conviven no lo hacen.

Por supuesto que Trump sabe de la relevancia de la inversión europea en Latam. Por descontado que contaba con la desaprobación (o cuando menos, desafección) de gran parte de la comunidad internacional. La crudeza del mensaje es que, realmente, no le importa. Un cambio en la realidad geopolítica al que es mejor adaptarse.

Alberto Hernández Lopo es abogado experto en finanzas

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