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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

PSOE: Un tiro en el pie para seguir andando

El sistema de financiación PSOE-ERC incrementa la desigualdad

Sánchez en su entrevista con Junqueras.

Sánchez en su entrevista con Junqueras. / Eduardo Parra - Europa Press

Proponer medidas populistas (es decir, que pretenden atraerse a las clases populares) cuando sabes que no está en tu mano que se cumplan, es parte del manual del perfecto demagogo. Pedro Sánchez, desde su aparición como dirigente en 2014, ha mostrado un amplio catálogo al respecto. Lo nuevo es prometer medidas antipopulares cuando sabes que son inviables: pegarse un tiro en el pie, con tal de esquivar otro en la cabeza, para poder seguir caminando, aunque sea cojo.

Eso es exactamente el acuerdo sobre un nuevo sistema de financiación autonómica al que llegaron Sánchez y el inhabilitado y expresidiario Oriol Junqueras, la semana pasada. Por un lado, es una medida antipopular en toda España, excepto en las regiones nacionalistas, pues incrementa la desigualdad existente entre CCAA, habiendo dos de ellas (Cantabria y Extremadura) que ingresarían cero euros adicionales. Por otro lado, el sistema es rechazado por todas las CCAA gobernadas por el PP (11 de 17, el 65%), así como por Vox y Podemos, con división al respecto en Sumar, con distanciamiento de Junts, y con exigencias añadidas de PNV y Bildu.

Más grave aún que el deterioro de la imagen del socialismo, a cuenta de estas barrabasadas gubernamentales, es la absoluta decepción de varias generaciones con la promesa democrática de 1978, que hace aguas ya por todas partes. En este caso, por una convergencia autonómica, a cuenta de la solidaridad interterritorial, que se reveló absolutamente falsa: Cataluña sigue siendo una de las CCAA más ricas y Extremadura una de las más pobres, exactamente igual que durante el franquismo

¿Por qué, entonces, este tiro en el pie de Pedro Sánchez? En realidad, no tiene alternativa. Asediado por los procesos judiciales a su entorno y algunos de sus más estrechos colaboradores, sin mayoría parlamentaria con la que legislar y tras la hecatombe en Extremadura, que anuncia un ciclo electoral de terror, solo existen dos opciones: dimitir, o entretener al personal con juegos florales para que vaya pasando el año y medio que queda, a ver si un golpe de suerte o acontecimientos exógenos le dan una postrera oportunidad en las urnas.

Es muy grave cómo todo lo que hace este PSOE en el Gobierno se va contaminando con la «S» de socialista y la «O» de obrero, a pesar de que no tiene nada de lo primero y menos de lo segundo. Para que lo entienda todo el mundo, el acuerdo con ERC significa que las CCAA que más aportan (porque tienen más) deben recibir más. Llevado a los contribuyentes particulares, es como si alguien que paga el triple de impuestos porque su riqueza es mucho mayor, tuviera preferencia en las listas de espera de la sanidad, utilizara gratis las autopistas o recibiera mayores descuentos en la compra de material escolar para sus hijos. En la práctica, es exactamente eso, pues mayores ingresos para Cataluña que para Extremadura significará que los catalanes vivirán aún mejor que ahora, y los extremeños, aún peor.

Más grave aún que el deterioro de la imagen del socialismo, a cuenta de estas barrabasadas gubernamentales, es la absoluta decepción de varias generaciones con la promesa democrática de 1978, que hace aguas ya por todas partes. En este caso, por una convergencia autonómica, a cuenta de la solidaridad interterritorial, que se reveló absolutamente falsa: Cataluña sigue siendo una de las CCAA más ricas y Extremadura una de las más pobres, exactamente igual que durante el franquismo.

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