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Opinión | Textamentos

Arbeloa y otros minotauros

Xabi Alonso

Xabi Alonso

A mi modo de ver, en el caos que habitamos el adjetivo «previsible» cada vez tiene menos sentido. Es cierto que el agua seguirá hirviendo a 100 grados a nivel del mar, los metales se dilatarán al contacto con el calor, y se podrán anticipar los eclipses gracias a la mecánica celeste. Ahora bien, si abandonamos escenarios tan rígidos y nos movemos en entornos humanos sujetos a variables, lo más seguro es que acabe sucediendo lo que nadie se esperaba.

¿Quién hubiera dicho que Donald Trump se iba a tomar la molestia de enviar al ejército de EE.UU. a detener a Nicolás Maduro para luego dejar como presidenta interina a la corrupta Delcy Rodríguez, cuya entrada en Europa está vetada desde 2018? ¿O que un incendio en un apacible bar de un centro de esquí en Suiza fuera a dejar decenas de muertos y más de 100 heridos?

Si ya ha nevado en varias ocasiones en el desierto del Sahara, ¿por qué no podríamos ver una tormenta de granizo en un volcán hawaiano en activo, un perro verde, un minotauro o, ya puestos, a Arbeloa dirigiendo al primer equipo del Real Madrid?

No entraba en los planes, pero sucedió. Tampoco entraba en los planes de nadie que, tras el partido del Madrid contra el Barça del pasado domingo, Florentino Pérez decidiera sustituir al entrenador, Xavi Alonso, ¡por Arbeloa! Qué aficionado en su sano juicio pensó después de un encuentro tan ajustado: «Hay que echar a Xavi y traer a Arbeloa».

Si ya ha nevado en varias ocasiones en el desierto del Sahara, ¿por qué no podríamos ver una tormenta de granizo en un volcán hawaiano en activo, un perro verde, un minotauro o, ya puestos, a Arbeloa dirigiendo al primer equipo del Real Madrid?

No sabemos qué pasará con Maduro, Trump, Arbeloa, el Real Madrid o las tierras áridas del Sahara. Lo que sí sabemos es que lo más extravagante llama a nuestra puerta con insistencia una y otra vez. En un mundo donde lo improbable sucede con puntualidad japonesa, la única previsión sensata es esperar lo inesperado. Parafraseando El Gatopardo de Lampedusa («Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie»), sorprendernos a todas horas es la única forma posible de que nada nos sorprenda.

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