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Opinión | Espectráculos

Despertar a golpes

Donald Trump.

Donald Trump. / Europa Press/Contacto/Peng Ziyan

Hace unos días, a primera hora de la mañana, cuando toca ir al trabajo o llevar a los niños al colegio, muchos cacereños pudimos ver una pintada naranja en un paso de peatones de la calle Gil Cordero, en letras mayúsculas: «No al imperialismo. Fuck Trump». Pocas horas después, a mediodía, la pintada había desaparecido. Los servicios de limpieza se habían apresurado a borrarla. La empresa Valoriza, según oí a uno de sus operarios, no considera su responsabilidad recoger los excrementos de perro que dejan ciertos cerdos que pasean a sus mascotas, pero sí velar por que no se ofenda al emperador.

Justo el día anterior (me enteré por mi hermano, que me envió la noticia con el comentario bromista de que estamos hechos unos trumpistas en Cáceres) se había rechazado la moción presentada por Unidas Podemos para declarar a Donald Trump persona non grata en nuestra ciudad. Una propuesta que había tenido bastante eco y hasta la había comentado Dani Mateo en El Intermedio: «¡Chúpate esa, Trump, no podrás ir a Cáceres! Como mucho, a Trujillo». Pero el PP y Vox se encargaron de tumbarla, mientras que el PSOE se abstuvo, después de que UP se negara a introducir una enmienda. Todo típico, por otra parte, de la mentalidad de algunos en esta ciudad que creen que lo que pase en su consistorio importa al resto del mundo y de que si no estamos ya invadidos por los turistas es porque falta un aeródromo.

Es obvio que el matón solo respeta la fuerza y el envío de militares a Groenlandia, por pocos que sean, no es un chiste, sino una manera de hacer frente pues, además, para un racista como Trump, no sería lo mismo disparar a un alemán o un noruego que a un palestino o un venezolano

El mundo está dividido sobre cómo toca tratar al emperador, como suele pasar con los matones, sea en política o en el patio del colegio, o de la cárcel. Algunos piensan que, si le haces la pelota, te irá mejor, pero parece más lógico escuchar a voces como la del gobernador de California, Gavin Newsom (que quizás podría ser buen líder para el Partido Demócrata) que llama a los europeos a «tener huevos» frente a Trump. O la de Mark Carney, primer ministro de Canadá, que pide el fin de esa política de «apaciguamiento», término que era el que se aplicó a la política de Francia o Gran Bretaña respecto a Hitler, que lo que hizo fue envalentonar a la bestia.

Es obvio que el matón solo respeta la fuerza y el envío de militares a Groenlandia, por pocos que sean, no es un chiste, sino una manera de hacer frente pues, además, para un racista como Trump, no sería lo mismo disparar a un alemán o un noruego que a un palestino o un venezolano.

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