Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | A la intemperie

Lo de Morante

Donde se habla de la vuelta hipersónica del genio de la Puebla…

Morante, a hombros de la afición la tarde de la retirada

Morante, a hombros de la afición la tarde de la retirada / Borja Sánchez-Trillo-Efe

¿Por dónde empiezo para que se me entienda? No piensen que dudo de sus entendederas, más bien de mis capacidades para que el muletazo salga limpio. En este asunto las opiniones se dividen y en todas hay algo de verdad. Creo que lo mejor será comenzar por el principio, sin alambiques. Un principio que parecía ser un final. Para los que no lo sepan -que alguno habrá que no sea aficionado al arte que todas las artes compendia- Morante de La Puebla, figurón del toreo, se retiró el pasado doce de octubre en Las Ventas del Espíritu Santo… que no sé yo si el Señor le tuvo de su mano al tomar tan inopinada decisión. El doce de octubre, apenas tres meses ha. Puerta Grande y arrebato de por medio. Fuera o no fuera faena para semejante premio, el caso es que hubo arrebato en Morante y delirio en los morantistas presentes, que resultaron, sin duda, ser legión infinita. El genio ofició la ceremonia de cortarse la coleta en la boca de riego del redondel y las aguas cubrieron la tierra… aunque ya entonces alguno avisó de que pudiera tratarse del sacrilegio de una sagrada liturgia.

Vayamos al haber. Yo a Morante le he escrito versos lo que, como comprenderán, ya indica que comulgo y que también he sido herido por el rayo de su media verónica. Así que sí, reconozco que es grande entre los grandes, quizá no el más grande como oigo repetir a alguno de los aficionados por los que mayor respeto siento. Yo, que debo ser algo torpe, no alcanzo a ver el milagro, pero proclamo sin rebozo que admiro a Morante, que le admiro dentro y fuera de la plaza, por cómo torea y por el amor que derrocha por el toreo en sus obras de cada día, que obras son amores. Morante anda en torero dentro y fuera. Torero en su pasión por Joselito el Gallo, torero en su afán por levantarle un monumento a Antoñete, torero en su constante empeño por recuperar suertes y maneras, torero auspiciando el festival de La Puebla, todo un derroche del porque quiero y del porque puedo. Morante es, para cuantos amamos la tauromaquia, una bendición.

El que para muchos es el sumo sacerdote de esta religión no puede ciscarse en sus ritos, no, no puede retirarse a final de temporada para reaparecer a comienzo de la siguiente. No es serio, ni siquiera siendo dios

Y al debe, porque el cigarrero es torero de dos orillas; como todos quizá, pero en su caso, al ser tan grande, las dos orillas parece que se perdieran de vista. El que para muchos es el sumo sacerdote de esta religión no puede ciscarse en sus ritos, no, no puede retirarse a final de temporada para reaparecer a comienzo de la siguiente. No es serio, ni siquiera siendo dios. Algunos me dicen que en realidad no se cortó la coleta, que se la arrancó y que no es lo mismo… Otros que cada cual obra según tiene por conveniente… Otros que lo importante es que vuelve… Y yo digo que no es serio; que un hombre solo tiene una palabra y no debe malbaratarla. Daría yo por bueno que volviera pasado un tiempo o que volviera para una cita puntual en la que se precisara su concurso, pero esta vuelta hipersónica, no. Mi amigo Felipe Albarrán, ese astronauta del siglo XIX que tan extrañamente orbita el XXI, tan radical como siempre, asegura que no volverá a pisar la plaza en la que toree el tal elemento… y es capaz de cumplirlo… o quizá sea solo un arrebato. Y digo -más o menos como aquel currista tras almohadillar al Faraón de Camas- ¡este año va a ir verte tu p… y yo! Con perdón.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents