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Opinión | Tribuna

El periodismo, entre la nostalgia y un futuro necesario

Hay que recordar que sin periodistas libres, críticos y responsables, la democracia siempre camina a ciegas

Una redactora toma notas mientras cubre una información.

Una redactora toma notas mientras cubre una información.

Hoy celebramos San Francisco de Sales, patrono de periodistas y escritores. Y llegamos a este día cargados de añoranza por unos tiempos mejores que ya solo viven en nuestra memoria y que quizás nunca llegaron a ser tal y como los recordamos. Pero hoy esa nostalgia por épocas mejores solo nos conduce a la tristeza y a la melancolía por un tiempo que no volverá.

La realidad es la que tenemos aquí y ahora, y no tenemos tiempo que perder. Necesitamos ponernos manos a la obra - mejor hoy que mañana- para empezar a construir un futuro en el que la profesión recupere su esencia y en el que sea capaz de adaptarse a lo que demandan los nuevos tiempos.

Hoy el periodismo atraviesa uno de los peores momentos de su historia, y no es por falta de talento, sino por la complejidad de unos retos que a día de hoy seguimos sin ser capaces de afrontar ni los periodistas ni las empresas que rigen el sector.

No nos engañemos. Cada día hay menos profesionales de la información en activo y más compañeros que se pasan a la docencia o a la comunicación corporativa o política. Y no es algo casual.

A la precariedad laboral creciente se suman las dificultades de la profesión para sobrevivir a la revolución digital, al desprestigio del oficio, y, por supuesto, al enorme impacto que han producido en las redacciones las redes sociales y la Inteligencia Artificial. Sumen a esto un mundo cada día más polarizado en el que la verdad parece que hace tiempo que dejó de importar.

Hoy es imposible imaginar cómo serán las redacciones o los periodistas dentro de 10 años o ni siquiera qué necesidades formativas tendremos de aquí a cinco años. Ni siquiera sabemos cuántos periódicos se publicarán en papel a finales de este nuevo año.

No nos sumemos a los agoreros que pronostican el final del periodismo como profesión y celebremos que, si no es la profesión más bonita del mundo -como decía Gabriel García Márquez-, está muy cerca de serlo. Esta nueva crisis, que no deja de ser otra fase más de una crisis eterna del periodismo, no será la que acabe con nosotros. Al menos si somos capaces de adaptarnos y de entender lo que necesita de nosotros la sociedad, por muy raros que sean los tiempos.

El periodismo no necesita épica ni lamentos. Necesita profesionalidad, ética y respeto por sí mismo. Y, sobre todo, recordar que sin periodistas libres, críticos y responsables, la democracia siempre camina a ciegas.

Inteligencia Artificial y ética

Pongamos coto a la Inteligencia Artificial. El problema no es la tecnología, sino la falta de ética, y el sector necesita autorregularse de manera urgente. El mundo cambia, y el periodismo tiene que adaptarse. Pero adaptarse no significa rendirse ni entregar la pluma a un algoritmo sin rostro. No es abdicar de la responsabilidad de contar lo que pasa con rigor, con criterio y con humanidad. Porque si el periodismo deja de ser humano, ¿quién nos contará la verdad cuando la mentira tenga mejor algoritmo?

Recuperemos esa forma de hacer las cosas en la que era más importante contar las cosas bien que contarlas antes. No dejemos que las prisas que nos contagian las redes sociales nos hagan perder la credibilidad y recuperemos el papel de los medios como el lugar natural en el que informarse. Nunca seremos más rápidos, pero sí podemos ser mejores. Cuando el periodismo juega a ser Twitter, siempre pierde.

Rectifiquemos ante los errores, porque eso nos hace ser mejores. Me decía no hace mucho el gran Fernando González Urbaneja que los periodistas cada vez se disculpan menos y peor… y tenía razón.

Unamos fuerzas. Las Asociaciones de la Prensa de Cáceres, Badajoz y Mérida llevamos años avanzando para trabajar unidos en un entorno en el que en nuestro país el asociacionismo periodístico está en declive. Asociaciones más unidas y más representativas tendrán más y mejores herramientas para defender la profesión y a sus profesionales.

No se trata de salvar una profesión, sino de proteger un derecho. El derecho a estar informados con rigor, sin trampas y sin la mediación de algoritmos sin conciencia.

El periodismo sobrevivirá si es capaz de mirarse al espejo, de asumir los errores y de trabajar duro para mejorar y para recuperar su espacio. Porque nadie más lo hará por él.

Mientras, nos conformaremos con brindar por nuestro patrón y un año más alzaremos las copas por San Francisco de Sales.

  • Javier Álvarez Amaro es presidente de la Asociación de Periodistas de Cáceres.
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