Opinión | Es decir
Un mal reflejo
Es sorprendente que un político no distinga entre nación y Estado

Alberto Núñez Feijóo
Es sorprendente que un político no distinga entre nación y Estado, por ejemplo, o entre nación y Gobierno, peor. Pero es lo que parece ocurrirle a Feijóo, a juzgar por la alegoría con la que ha criticado al Gobierno aprovechando la tragedia de Adamuz: «El estado de las vías es el reflejo del estado de la nación». Vaya. ¿Y qué culpa tienen los nacionales (es decir, los habitantes de la nación, indígenas y no) del estado de las vías?
El problema de «el estado político de la nación» es que incluiría también a Feijóo, tanto más cuanto que es el líder de la oposición y, a mayores, parece que pueda ser el presidente de la nación, o, dicho con propiedad, el presidente del gobierno de la nación, pues el concepto de nación es más amplio que el de gobierno y aun que el de Estado
Si se comprende lo que Feijóo quiso decir, también se comprende lo que no podía decir. Para criticar al Gobierno, más exacto que «el estado de la nación» habría sido decir «el estado político de la nación» o, más certero, «el estado gubernamental de la nación». Pero si esto último suena mal, para qué hablar de «el estado de gobernanza (o de gobierno) de la nación». El problema de «el estado político de la nación» es que incluiría también a Feijóo, tanto más cuanto que es el líder de la oposición y, a mayores, parece que pueda ser el presidente de la nación, o, dicho con propiedad, el presidente del gobierno de la nación, pues el concepto de nación es más amplio que el de gobierno y aun que el de Estado. La nación, además de un territorio, es la totalidad de sus habitantes, los cuales viven de una forma particular, tienen un pasado en común, comparten rasgos, el mismo idioma, etcétera. De modo que «nacionales» son los naturales de su nación. ¿Y cuál es el estado de los nacionales –habría que preguntar a Feijóo– para que el estado de las vías sea su reflejo?
En realidad, Feijóo no se refería ni a los nacionales ni a la nación. Tanto es así que se diría una idea de Miguel Tellado, casi seguro, conocido en el partido por ser el secretario general, pero la calle por ser el enfático, el declamatorio, el de las frases prefabricadas. Desde luego, el que se trate de una alegoría ya prueba su influencia o incluso su autoría, porque Mellado es un redicho importante. Y aunque es verdad que cualquier redicho evita repetir palabras, no es así cuando se trata de lograr una frase redonda: el estado de las vías/el estado de la nación. Perfecto. Mejor que «el estado del Gobierno», que podía haber sido otra posibilidad. ¿Y «Estado», por qué no «Estado»? Para saberlo, léase la analogía cambiando «nación» por «Estado»: «El estado de las vías es el reflejo del estado del Estado». Mellado gritaría: «¡Qué horror, por Dios, diáfora!».
Si ha sido cosa de Tellado, Feijóo tiene un problema. Y si ha sido de Feijóo, ya se sabe dónde está el problema.
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