Opinión
¿Pero hay alternativas de desarrollo?
El alcalde actual parece que ha comprendido la necesidad de romper esta inercia con los proyectos como la ampliación de Capellanías y el Aeródromo, esperemos que no sea tarde

CACERES. MANIFESTACION CONTRA LA MINA EN LA PLAZA MAYOR EN NOVIEMBRE DE 2024. / Jorge Valiente
Repaso las desventuras que han sufrido las dos iniciativas mas importantes que han estado en candelero durante la última década en la ciudad: la Mina de Litio y el Buda, a raíz de las últimas manifestaciones del alcalde de Cáceres Rafael Mateos. El alcalde afirma que: «Desde el Ayuntamiento se ha insistido que ambos proyectos se cayeron solos», aunque frente a esta afirmación realiza después puntualizaciones que atribuyen su «derrumbe» a: «movilizaciones ciudadanas y alegaciones técnicas», y también a un «creciente escepticismo político», posiblemente influido porque «el movimiento ciudadano ha demostrado capacidad de influencia real».
Compartiendo el acertado análisis que realiza de las circunstancias que han rodeado a ambos proyectos, me sigo haciendo las preguntas que ya planteara en un articulo publicado en ¡2004!, en el que, en plena burbuja del ladrillo, afirmaba: «No basta con que se construyan más casas, las familias se asientan en una ciudad, si trabajan en ella, si estudian en ella, si sus comunicaciones le permiten desplazarse con facilidad», afirmando que: «la ciudad de Cáceres se encuentra en una encrucijada en la que su futuro está muy condicionado por las próximas decisiones que se tomen en temas como: la línea internacional de alta velocidad España-Portugal, la autovía Cáceres-Badajoz, la creación de suelo industrial a precios no especulativos, etc.». Veinte años después seguimos en la misma encrucijada.
Esta actitud de una parte de su población, sino mayoritaria, si muy activista y conservadora, ha generado también una clase política que no ha querido hacer frente a este estilo de pensamientos
Unos años más tarde, en otro articulo titulado: Entre todos la mataron y ella sola se murió, recordaba la conversación que mantuve 2007 con el, por entonces alcalde, José María Saponi, y la candidata socialista, que años más tarde fue alcaldesa, Carmen Heras. La entonces líder de la oposición me comentó que tenían «un proyecto de crear un Centro Logístico en la zona Noroeste de la ciudad, inmediatamente le comenté que un proyecto de esa importancia debía ser compartido por ambas formaciones políticas, por que un proyecto estratégico como era ese, debería llevarse a cabo con independencia de quién gobernara en la ciudad. Me tomé el atrevimiento de proponerle acercarnos al entonces alcalde y comentarle que un proyecto como ese debería sacarse fuera del debate partidista; ambos lo reconocieron así, aunque después ninguno de ellos lo defendiera con fuerza suficiente para hacerlo realidad».
Pensando que el que la sigue la consigue, en 2018, me volvieron a publicar otro artículo titulado ¿Quo vadis Cáceres?, en el que volvía a hacerme las mismas preguntas que quince años antes, afirmaba: «Cuando una persona, una organización o una ciudad no sabe a donde va, puede terminar en cualquier sitio», y repetía la misma cuestión: «¿Por qué se adopta siempre una posición de animadversión a la mayoría de los pocos proyectos industriales que se nos presentan, tanto por una parte de la sociedad como de nuestros políticos ?».
Finalmente, hace un par de años volví a clamar titulando en esta ocasión el artículo como: ¡Cáceres se queda fuera de todas las inversiones de futuro! No solamente los dos proyectos estrella de la Mina y el Buda se han malogrado, sino que otros muchos han ido pasando de largo, algunos de ellos muy posiblemente por la imagen conflictiva que hemos transmitido, al priorizar la comodidad de una ciudad de servicios habituada a la seguridad de los sueldos públicos y alérgica a asumir cambios. Esta actitud de una parte de su población, sino mayoritaria, si muy activista y conservadora, ha generado también una clase política que no ha querido hacer frente a este estilo de pensamientos. Hasta proyectos como CC Green, impulsado contra viento y marea por el empresario cacereño Santiago Rodríguez, sigue, después de seis años, esperando las autorizaciones que lo hagan viable, y ha tenido que priorizar su inversión en Badajoz donde si cuenta con terrenos y potencia eléctrica disponible.
El alcalde actual parece que ha comprendido la necesidad de buscar romper esta inercia con los proyectos como la ampliación de Capellanías y el Aeródromo, esperemos que no sea demasiado tarde. Mientras tanto algunos seguiremos Clamando en el desierto.
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