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Opinión | Textamentos

Poquita fe, poquita vida

Hay algo luminoso, seductor y vibrante en no ceder al desconsuelo y a la derrota final, pese a las tentaciones

Los protagonistas de la serie Poquita fe

Los protagonistas de la serie Poquita fe

Pocas series televisivas me han hecho reír tanto en los últimos tiempos como Poquita fe, la comedia creada por Pepón Montero y Juan Maidagán (disponible en Movistar Plus desde 2023). Las peripecias cotidianas y caóticas en las que se ven inmersos los personajes principales, Berta y José Ramón, y su círculo íntimo consiguen arrancarle una sonrisa al espectador cada pocos segundos. Pero ¿por qué nos reímos?

Sí, ¿por qué nos hacen tanta gracia estos hombres y mujeres de vidas alienantes e insípidas? En realidad, analizado en frío, no deberían suscitar en nosotros carcajadas, sino conmiseración.

Hay algo luminoso, seductor y vibrante en no ceder al desconsuelo y a la derrota final, pese a las tentaciones

Mientras disfruto estos breves capítulos, hago un hueco entre tanto gag para indagar en la circunstancia de estos seres desastrados… y en la mía. Bien mirado, su vida, su poquita vida, no es mucho peor que la de quien escribe estas líneas. ¿No será —me pregunto— que mientras el común de los mortales sufre para llegar a fin de mes, adelgazar unos kilos, enderezar su relación sentimental o ligar con la vecina del 5.º, alguien, un malicioso ser superior, se ríe con nuestras tribulaciones de la misma forma en que nosotros nos reímos con los pobres desdichados de Poquita fe? ¿Acaso no somos legión los que, como les ocurre a Berta y a José Ramón, vivimos a medio gas, resignados, incapaces de abrazar algo que se parezca remotamente a la esperanza?

Todos tenemos a un perdedor cerca, alguien que fracasa en el trabajo, en el amor, en la pareja. Alguien que soporta una existencia pequeña, carente de ambición, y, pese a todo, digna de ser vivida.

En Poquita fe muchos nos vemos reflejados. Y si nos reímos de los personajes es porque, en el fondo, hemos aprendido a reírnos de nosotros mismos… y a resistir. Hay algo luminoso, seductor y vibrante en no ceder al desconsuelo y a la derrota final, pese a las tentaciones.

Tenemos poquita fe y tenemos poquita vida, pero que nos quiten lo bailao.

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