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Opinión | tribunas

Luis M. Esteban Martín

Opinadores

Es llamativa la capacidad que tienen muchos para acometer cualquier tema

Los medios de comunicación siempre han contado con secciones donde se plasman opiniones, no información, sobre los temas más variados. Ahora bien, en los últimos años, la proliferación de opinadores es muy significativa y de ahí que yo me atreva a opinar sobre los que opinan, porque me parece oportuno invitar a los lectores a una reflexión sobre quienes constantemente nos invitan a ello.

Conviene empezar señalando la sustancial diferencia entre quienes opinan en un medio escrito y quienes lo hacen en radio, televisión o en plataformas de internet, porque escribir, frente a la trasmisión oral, supone un ejercicio sobre lo que se va a decir y sobre cómo se va a decir, ya que la escritura tiene una pervivencia superior a la oralidad y de ahí que haya que ser más cauteloso.

Por otro lado, es llamativa la capacidad que tienen muchos de los opinadores para acometer cualquier tema que se les ponga por delante, incluso sin que previamente se les haya pasado la escaleta del día, si es un medio radiofónico o televisivo. Toque un apagón, un accidente ferroviario, Groenlandia, Irán, Mercosur, o Julio Iglesias, allá que están ellos, cual sabelotodo, sentando cátedra con independencia de su formación para el asunto y, en demasiadas ocasiones, con un descaro que produce indignación cuando actúan solo como hooligan de su partido político, que es quien les ha dado cabida en el medio en el que están opinando.

A este panorama hay que añadir a los influyentes (influencer, para los anglófilos), que han encontrado en internet la herramienta para soltar lo primero que se les pasa por la cabeza. Eso sí, con poca reflexión y mucha vehemencia, sobre todo si se puede atacar a otros. Y como tienen muchos seguidores, entonces se deduce que tienen mucha razón, como si la verdad se pudiese someter a la democracia de los me gusta en una red.

Por si fuera poco, demasiados políticos también se han convertido en opinadores, cuando no en generadores de bulos, memes y gilipolleces variadas en las redes. A los ciudadanos, la opinión de un político nos importa entre poco y nada. Lo que demandamos de ellos es gestión de la cosa pública, soluciones a los problemas y anticipación a los mismos con medidas oportunas. Lo demás es contribuir al vocerío de la caterva de opinadores de la que, por otra parte, tanto se quejan cuando no están en su sintonía.

Cada medio de comunicación, en el ejercicio de su libertad, elige a sus opinadores, faltaría más, y me parece bien; por eso, invito a los lectores a considerar que el que todas las opiniones puedan ser expresadas libremente no las convierte en respetables, porque para que una opinión sea respetable debe partir de la veracidad del hecho sobre el que se opina, el conocimiento sobre ese asunto, el sosiego en su expresión y perseguir la mejora colectiva y no el ataque a quien opine de otra manera. Lo demás es palabrería para entretener a unos, engañar a otros y hastiar y enfadar a muchos.n

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