Opinión | La fórmula compartida
Mientras tanto, en Extremadura

Asamblea de Extremadura. / Jero Morales/Efe
Extremadura vive instalada en una larga espera, como si el tiempo político se hubiera detenido. No hay impulso, no hay proyectos, no hay gobierno ni dirección. En la región impera un atronador silencio institucional y una preocupante ausencia de liderazgo. Mientras el conjunto del país avanza y atraviesa un buen momento económico, aquí seguimos atrapados en una parálisis que tiene consecuencias muy reales en el empleo, en la educación y en las expectativas de futuro de miles de familias extremeñas.
Desde el pasado 22 de diciembre, tras las elecciones autonómicas, Extremadura continúa pendiente de la formación de Gobierno. PP y Vox aseguran estar negociando, pero lo único que llega a la ciudadanía son titulares sueltos y mensajes contradictorios, sin transparencia ni explicaciones claras. Esta incertidumbre permanente no es inocua, sino que genera inseguridad, frena inversiones y mantiene a la región en un limbo político del que nadie se responsabiliza.
Esta falta de rumbo responde a una forma de gobernar marcada por la incapacidad para alcanzar acuerdos y por una dependencia cada vez más evidente de la ultraderecha. Guardiola ha renunciado al diálogo y ha subordinado los intereses de Extremadura a las estrategias nacionales del Partido Popular. Hoy, demasiadas decisiones que afectan directamente a nuestra tierra se toman en Madrid, pendientes de lo que convenga a Feijóo o a Abascal, y no de lo que necesitan los extremeños y las extremeñas. Esa obsesión por mirar a otros territorios donde el PP se juega su futuro ha provocado que aquí nos parezcamos cada vez más a quienes no debemos parecernos.
Demasiadas decisiones que afectan directamente a nuestra tierra se toman en Madrid, pendientes de lo que convenga a Feijóo o a Abascal, y no de lo que necesitan los extremeños y las extremeñas. Esa obsesión por mirar a otros territorios donde el PP se juega su futuro ha provocado que aquí nos parezcamos cada vez más a quienes no debemos parecernos.
Extremadura está desaprovechando una oportunidad histórica. Nuestra región ha cerrado el periodo con una tasa de paro del 13,4%. En el conjunto de España se crearon 76.000 empleos, pero aquí se destruyeron 1.300 puestos de trabajo. Esta pérdida de empleos está directamente vinculada al fracaso de la negociación presupuestaria y al posterior adelanto electoral, una decisión caprichosa que no solo ha costado siete millones de euros a los extremeños y extremeñas, sino también 1.300 puestos de trabajo. Tres meses después de aquel movimiento irresponsable, seguimos sin presupuestos, sin proyecto y sin gobierno. Y lo más preocupante es el temor fundado a que los malos datos del último trimestre de 2025 se repitan en este primer trimestre de 2026.
Pero el bloqueo no se limita al ámbito económico. También está teniendo consecuencias muy graves en la educación. Extremadura cerró 2025 con una tasa de abandono escolar temprano del 15%, la sexta más alta del país. Desde que gobierna el PP de Guardiola, esta tasa ha aumentado 5,15 puntos. Hemos pasado del 9,85% en 2023 al 15% actual. Solo en el último año creció casi dos puntos, alejándonos cada vez más de la media nacional, que se sitúa en el 12,8% y continúa descendiendo. Aquí ocurre justo lo contrario.
El dato resulta aún más alarmante si tenemos en cuenta que la Junta conocía esta tendencia negativa desde 2024, cuando 10.600 jóvenes abandonaron prematuramente sus estudios, y no adoptó ni una sola medida de urgencia para revertirla. La ausencia de políticas educativas y la negativa a reconocer los problemas del sistema están pasando factura. Lamentablemente, es un patrón conocido; cuando el PP dejó la Junta en 2015, la tasa de abandono escolar alcanzó el 24,48%.
Extremadura merece más. Merece un gobierno que dialogue, que defienda los intereses de esta tierra por encima de siglas y estrategias nacionales, y que gobierne pensando en el futuro.
Mientras tanto… la región sigue parada.
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