Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Trazos y travesías

Uclés y los creadores digitales

Si todo el mundo es creador digital, nadie lo es

David Uclés, escritor ganador del Nadal

David Uclés, escritor ganador del Nadal

Las redes sociales y sus trucos para devolvernos una imagen endiosada de nosotros mismos son como el agua en la que se miraba narciso anonadado por su belleza. Una caterva de supuestos creadores digitales aporrea teclas con vehemencia para dar su imperdible opinión sobre asuntos tan diversos como vías de tren, gestión política de tragedias, Julio Iglesias, y, dos días después, criticar al escritor ganador del premio Nadal, David Uclés. El autor decidió retirarse de unas jornadas cuya asistencia comprometía sus valores. Él mismo explicó que no le cuadra sentarse a charlar sobre un asunto tan delicado como la Guerra Civil con políticos que, de entrada, no destacan por ser adalides de la configuración de la sociedad progresista que Uclés anhela. Además, él es homosexual. No hará falta recordar qué partidos votan en bloque para tumbar cada propuesta en pro de los derechos de las personas homosexuales y en contra de la igualdad de los españoles.

Esos que anidan escondidos como carroñeros virtuales, tras las ahora llamadas cuentas de creador digital, violentan su diagnóstico y le cuelguen etiquetas que cuestionan su virilidad, su formación y hasta su capacidad para conseguir alcanzar los honores que ha obtenido, aunque, a estas alturas, sean indiscutibles. Como decían Borges y Unamuno: «la envidia, ese mal tan español»

En este sentido, esos creadores digitales y librepensadores, como se autodenominan, abanderan la reivindicación de permisos amplios de acción y conciencia; pero sólo para sí mismos y sus iguales. Al escritor le han tachado de desequilibrado emocional, niñato, purista, y no sé cuántos otros adjetivos. Olvidan ese refrán español tan acertado que asegura que lo que Juan dice de Pedro… Uclés, por su parte, ha recorrido el país documentándose para regalarnos una novela que, mal que les pese a algunos, ha calado en una sociedad todavía ciega ante su pasado reciente. También ha dirigido un podcast llamado “Las cuatro heridas” que reúne a lo más granado de la cultura cinematográfica, musical y radiofónica de este país, para seguir dando a conocer nuestra historia a través del arte.

Por si todo esto fuera poco para alguien de solo treinta y seis años, desde sus propias vivencias narra con naturalidad ciertos problemas de salud mental que atraviesa. De esa forma ayuda a normalizar que existen personas con tratamientos pautados para estar bien, como un hipertenso o un diabético. Esos que anidan escondidos como carroñeros virtuales, tras las ahora llamadas cuentas de creador digital, violentan su diagnóstico y le cuelguen etiquetas que cuestionan su virilidad, su formación y hasta su capacidad para conseguir alcanzar los honores que ha obtenido, aunque, a estas alturas, sean indiscutibles. Como decían Borges y Unamuno: «la envidia, ese mal tan español».

Así que mientras unos afean las decisiones personales de un creador literario e intentan sepultar su obra y aplastarlo, este último adopta una actitud digna, coherente y elegante para con su bienestar y su derecho a ser y a no estar, dándoles una lección de integridad que les confronta sin necesidad de bajar al barro, quizás por eso les escuece. Vencieron, pero no convencieron.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents