Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Extremadura desde el foro

Yo tampoco

El «y tú más» encierra contradicciones que lo descalifican por sí solo

Un policía vigila desde la cubierta del Congreso de los Diputados

Un policía vigila desde la cubierta del Congreso de los Diputados / Borja Sánchez-Trillo-Efe

¿Para qué se escribe una columna? Es la misma pregunta que se hacía el gran Thomas Friedman en su -magnífica- obra Gracias por llegar a tarde. Las conclusiones, como cabría esperar, están lejos de ser únicas. La razón más evidente: para dar una opinión. Pese a que sospechemos que no existe tanta demanda como exceso de oferta en ese campo. También para generar un estado o un veredicto público. O actuando al dictado de otros. Algunos, claro, lo harán por pura vanidad personal.

No estamos en un mundo en que se aprecien las sutilezas. Somos presos de una literalidad que deja poco espacio para la reflexión. Lo que acaba castigando al sosiego, que se confunde con mansedumbre y que resulta escasamente útil en batallas llenas de ruido.

Hay otra opción nada desdeñable: para convencer. El intento, desde un conocimiento fundamentado y una posición informada, de presentar argumentos suficientes para que alguien cambie su perspectiva. O, al menos, valore otra visión o mire con ojos críticos la propia. De ser, al fin, escuchados. Algo parecido a ese artefacto anticuado que llamamos «debate».

No estamos en un mundo en que se aprecien las sutilezas. Somos presos de una literalidad que deja poco espacio para la reflexión. Lo que acaba castigando al sosiego, que se confunde con mansedumbre y que resulta escasamente útil en batallas llenas de ruido.

Hay una respuesta política a la que nos hemos acostumbrado, por habitual, pero que debiera encender todas las alarmas. Al hilo de las diferentes fallas en estructuras administrativas e infraestructuras, el primer recurso del partido al mando, con sus altavoces mediáticos al lado, es el «y tú más».

Responder al reproche con otro reproche da una incómoda (para los demás) pero satisfactoria confortabilidad. Aunque sea por aquello del sentido “tribal”. Como si el fallo del otro compensase o explicase la falencia actual. Compararse, como errar, es humano. Escurrir el bulto parece que también.

Ocurre que el perezoso «y tú más» encierra dos contradicciones que lo descalifican por sí solo. Primero, conlleva un implícito reconocimiento, que, si no va seguido de algo más, es poco más que un brindis al sol. Lo que debía suponer dimisiones o responsabilidades sirve precisamente para todo lo contrario, para encastillarse.

Segundo, una derivación realmente grave: un «y tú más» implica un «yo tampoco». Tú lo has hecho mal, pues yo tengo el mismo «derecho». Como si una cadena de errores nos consolase como ciudadanos. Como si no exigiéramos en función de la posición y de los recursos que manejan y sólo mirásemos las siglas. Como si una dejación de funciones basada en la mala gestión o negligencia del otro no supusiese una terrible crisis de confianza.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents